miércoles, 25 de junio de 2014

Capítulo 24: ¿Todo acabó? (parte dos)


"Yo... una vez fui muy feliz con alguien. Había un oppa que me gustaba mucho, y en un programa de televisión él dio a entender que también me quería, así que comenzamos a salir. Pero, por alguna razón que aun no entiendo, el destino puso en mi camino a Calvin Chen.
No recuerdo muy bien como lo conocí, fue por pura casualidad. Pero si recuerdo que a mi oppa no le agradaba. Lo quería en verdad, no miento, realmente me gustaba mucho y mi mente no consigue entender aun como es que desvié mis ojos... No voy a negar que Calvin es guapo, alto y atractivo en su pose de seductor. Además, en ese entonces era tan amable que me hacía sentir una especie de princesa. Yo comencé a pensar que me gustaba...
Sé que a mi oppa le molestaban cada vez más los avasallantes acercamientos de Calvin Chen, así que intente poner distancia, pero... él me invitó a cenar, como amigos. Realmente le creí, y como solo faltaban unos días para que se fuera de viaje a Taiwan otra vez, acepta con tanta ingenuidad... todavía con puedo aceptar lo que pasó entonces. Calvin me propuso muchos brindis esa noche... yo bebí demasiado. Y no recuerdo nada más. Al día siguiente desperté... en una cama, en un cuarto de hotel. Lo peor de todo, es que… él estaba a mi lado… y yo casi no tenía ropa… Esa situación fue muy espantosa para mí, porque además oppa se enteró de esa cena y decidió llamarme… Y yo estaba dormida, así que Calvin Chen contestó en mi lugar.
Hasta el día de hoy, oppa no me perdonó por lo que pasó esa vez. Aunque logramos tener un diálogo cordial, en el fondo sé que aún siente rencor. Ya no me mira a los ojos, y cuando lo hace, siento que me duele el corazón…
Ahjussi, no te cuento todo esto porque sí, sino para que te des cuenta de lo que pasó. Así es Calvin… Obtiene lo que quiere de las mujeres por las buenas o… usando esa clase de tretas. Si la mujer con la que está encaprichado tiene pareja y quiere serle fiel, él termina rompiéndola. Por eso… Aki-san, el amor que se tienen ustedes dos es más fuerte, tiene que poder resistir… me enteré de que pasaron por situaciones peores que esta. No creo que quieras… que Charotte termine como yo: lamentando haber perdido a la persona que ama.”
Akihide: (meditando) Yo… Lamento mucho lo que te pasó, pero… Tu historia y mi situación son muy diferentes. Hay modos… actitudes de Charotte que no puedo aceptar.
Hammie: ¿Te referís a su forma de vestir? Pues... GyuRi unnie dijo algo así en la fiesta de Shinpei-san, pero a Hara onni se le ocurrió la idea de buscar imágenes de Latinoamericanas y... Charotte es muy decente. (Ante la expresión de duda de Akihide) Si no lo crees, podes buscarlo por tus propios medios.
Akihide: (no estaba muy seguro, pero decidió probar buscando las imágenes que SeungYeon le había sugerido, y quedo absolutamente azorado con lo que encontró) Es cierto... ¿Cómo puede una mujer ir vestida por ahí? Comparadas con ellas, Charotte, Meggara y Se-chan parecen monjas.
En realidad no es tan así, Akihide, pero si cualquiera de ustedes busca Mujeres Latinoamericanas, aparecen de inmediato un montón de fotografías de mujeres provocativas, con ropa corta o rota (o sin ropa), cuyas figuras tan... voluptuosas, por decirlo de una forma más elegante, consiguen que las vestiduras les queden de una forma mucho más descarada en comparación a las asiáticas normales. El tímido protagonista se llevó una tremenda e incomparable sorpresa, algo tan parecido a un shock que volvió a acomodarle las ideas, porque se estaba olvidando de que Charlotte venía de otro lugar, con cultura, ideología y costumbres tan diferentes a las suyas. Porque… en Japón una mujer se vestiría como lo hacía la pelirroja en esas ocasiones especiales para llamar la atención de los demás. Si tenía en cuenta la catarata de imágenes, no resultaba necesario  ser demasiado listo como para darse cuenta de que en el país de origen de la llamativa extranjera, tal como eran diferentes los saludos y los tratos, la forma de llevar la vestimenta presentaba abismales desemejanzas.
Akihide: (abandona la búsqueda y deja el teléfono a un lado) Ahora entiendo…Antes siempre me recordaba a mí mismo que Charotte es extranjera… y parece que lo olvidé. Han SeungYeon, no sé cuáles son tus intenciones al venir hasta acá fingiendo ser un mensajero, pero te lo agradezco.
Hammie: (leve sonrisa de alivio) Es muy simple. Ver que otra persona está por sufrir lo mismo que yo padecí… es algo que no puedo hacer. Sé que eso no resuelve lo que me pasó, pero… es un alivio. No sé cómo explicarlo.
Akihide: Es porque sos una buena chica. (Se vuelve hacia la aun inconsciente Charlotte) Me sorprende que aún no despierte. Creo que traeré alcohol para reanimarla. (Abandona la silla y sale de la habitación)
SeungYeon, mientras tanto, tantea un poco el rostro de Charlotte, en un inexperto intento por hacer que reaccionara y que extrañamente funcionó, pues la pelirroja comenzaba a abrir los ojos con mucha lentitud. Por la sorpresa, a la vocalista coreana se le olvida el nombre de la pelirroja, así que comienza a llamarla ahgassi.
Hammie: (aliviada) Ahgassi… ¿Estás bien?
Charlotte: (con voz pastosa) ¿Dónde estoy?
Hammie: En la habitación de Aki–san. Él regresará en un momento.
Charlotte: (la mira con desconfianza) ¿Y vos que haces en la habitación de mi Akihide? (intimidante) Ah, pero ya me habían advertido sobre las chicas que parecen buenas y puras, pero en verdad son unas víboras. Te advierto que si queres quitarme a Akihide, tendrás que conseguirme el número de Kim JaeJoong a cambio.
Hammie: (desconcertada) ¿De qué estás hablando? Yo no quiero quedarme con Aki–san… así que no te conseguiré el número de JaeJoong oppa.
Charlotte: ¿Entonces qué haces aquí?
Hammie: Vine a hablar con Aki–san, pero no como una competencia para vos, mis intenciones son las opuestas.
Charlotte: ¿Y supones que voy a creerte?
Akihide: (entra con la botella de alcohol etílico en la mano) Ah… Veo que ya despertaste.
Hammie: (se pone de pie) Bien, ustedes deben tener mucho de qué hablar, así que los dejaré solos. (a Charlotte) Yo puedo devolverle las llaves a Daigo–sama.
Charlotte, no demasiado segura, se le entrega el llavero del vocalista. Esta situación se tornaba cada vez más extraña.
Akihide: Te acompañaré hasta la puerta.
Los dos salen durante un momento, en el cual, la pelirroja, más confundida que nunca, se pregunta qué es lo que estaba sucediendo. ¿Cuánto tiempo pasó inconsciente? ¿De qué hablaron SeungYeon y el guitarrista durante ese lapso, cuya duración le era completamente desconocida? Y lo más importante… ¿De qué tenían que hablar ella y Akihide?
Akihide: (regresa, pero se queda cerca de la puerta, observando a Charlotte) ¿Estás bien? ¿Querés un té o algo de tomar?
Charlotte: No, gracias. Ahora que lo recuerdo, yo iba a irme. (Intenta levantarse, pero se marea y vuelve a sentarse en la cama) Tal vez si necesito un té. (Ve que Akihide la observa con una preocupación que ella cree reproche) No estoy embarazada, ¿ok? A estas alturas, tengo menos sexo que Heidi. (Nota a los lectores: no me salgan con el abuelo o son pervertidos >///<)
Akihide: No estoy pensando eso. No te hubiesen dejado viajar embarazada desde Argentina y aquí no hiciste… nada que pueda producir un embarazo por ahora (sale)
Charlotte: ¿Que fue ese por ahora? ¡Ahh! Esto debe ser un sueño, uno de esos sueños calientes que a veces tengo… (ve que le guitarrista regresa sin ninguna taza) Ah, sí es un sueño… Si es un sueño… ahora es cuando mi ropa debería cambiar por algo más sexy, y vos deberías venir a mí con expresión seductora.
Akihide: (la mira con evidente impresión, como se dice en México, “ojos de huevo frito”, y se acerca de a poco, hasta estar a centímetros de ella, para tocarle la cabeza) No sé qué clase de sueños tenés… pero esto es la realidad. ¿Quién es Kim JaeJoong?
Charlotte: ¿Escuchaste lo que dije y esperaste para aparecer?
Akihide: Solo desde la parte en la que dijiste que SeungYeon, tenía que darte el número de ese tal Kim a cambio de…
Charlotte: Eso era sarcasmo. Yo no… Tengo ningún derecho a decir que sos mío ni nada de parecido…
Akihide: (interrumpiéndola) Ya está el agua para el té (sale nuevamente)
Charlotte: (dándose un pequeño golpe en la cabeza) Tarada, tarada… Ahora sabe qué clase de sueños tengo. Será mejor que me vaya… (Se levanta lentamente, sintiéndose más aliviada, pero vuelve a sentarse rápidamente, pues Akihide regresa con el té en la mano)
Akihide: (dejando la taza en la mesa de noche) La tenia que tiene el té verde te hará sentir mejor.
Se genera un silencio incómodo, en el cual ni Charlotte ni Akihide se dirigen la mirada. La pelirroja solo observa la taza de té, sintiendo que la tensión de aquella charla antes de su desmayo había desaparecido. ¿Eso era resultado de la charla que sostuvo el guitarrista con Han SeungYeon? ¿De verdad ella se convirtió en su aliada? ¿Por qué? Acaso… lo que dijo Nocchi esa vez… “A mí... no me hiciste daño, pero yo sé bien a quien sí lastimaste” Perfume y Kara, según lo que Selenia le dijo, se mostraban muy unidas… No resultaría extraño que sean amigas.
Akihide: Gomennasai… (capta la repentina atención de  Charlotte) Fui muy estúpido al juzgarte por tu forma de vestir… Realmente no sabía que allá… bueno, se visten de forma más provocativa.
Charlotte: (extrañada y conmovida) ¿De qué estás hablando?
Akihide: Busque imágenes de latinoamericanas en internet… y lo que fue… impresionante.
Charlotte: Y eso que no viste un video de Reaggeton… Pero no es… (piensa) “Momento… si le digo que no es así… Volverá a pensar que soy una descarada” (a él) Si, así andan por la calle incluso… Aunque esas imágenes son un poco exageradas.
Akihide: Lo supuse, pero aun así… Quiero pedirte disculpas. Fui muy brusco con lo que dije y hable sin saber. Logré que te sintieras mal y te hice llorar. Vos tenés razón, es mi inseguridad la que me hace pensar así. También es mi culpa que siempre pase esto… desconfío de vos, me alejo, te lastimo… una relación no tiene que tener esta clase de círculo vicioso.
Charlotte: (siente que va a llorar nuevamente) Yo también desconfío de vos. Siempre me preguntaba si te acercabas a mí por verdadero afecto o porque resultaría fácil… Nosotros no podemos seguir lastimándonos mutuamente.
Akihide: (se sienta a su lado) Entonces… Lo mejor sería que cada uno tome su propio camino.
Charlotte: (comienza a llorar  y se cubre el rostro) No quiero… no quiero llorar, pero tampoco podemos seguir así…
Lentamente, Akihide rodea a Charlotte entre sus brazos como un inútil intento por contenerla. ¿Realmente estaba pasando? ¿En verdad darían fin a su historia? Ya no habría más citas, ni más recorridos en museos, no más charlas de arte, no más cenas, no más besos a escondidas, nunca más compartirían un abrigo, no caminarían juntos… ¿Nunca más? (si, no es lo único, pero no me quiero poner a revisar) ¿Entonces… nunca más?
Akihide: (aparta momentáneamente a Charlotte e intenta secar sus copiosas lágrimas) Charotte… No puedo hacerlo… nosotros, como pareja… hay tantas cosas que no hicimos. Nunca te regale flores, ni cocinamos juntos, aunque no soy muy bueno en eso… tampoco dimos un paseo por la playa, nunca vimos un atardecer, no paseamos en bote, no cenamos a la luz de las velas… no hicimos un viaje solos, no despertamos juntos… Nunca hicimos el amor… Parece que todo se centra en las desdichas y no en los momentos que todavía podemos vivir.
Charlotte: Por qué… ¿Por qué estás diciendo esto justamente ahora?
Akihide: (sin dar más vueltas, nuevamente la rodea con los brazos y une sus labios con los de Charlotte de forma apasionada y suave al mismo tiempo) No sé si es tarde, no sé en cuanto tiempo te iras... Solo... Solo sé... que te amo.
Una vez más, se dirige había su boca y, movida por esta súbita pasión, la pelirroja corresponde a su beso, envolviéndolo en un abrazo posesivo. Sin embargo, pese a que ella deseaba que esto sucediera, se arrepiente y pretende echarse hacia atrás, por lo que, como Akihide la rodeaba entre sus brazos, ambos caen sobre la blanda superficie de la cama. Qué movimiento más oportuno, ¿quién lo diría? Esto ya era cosa del destino, por eso se desmayó, por eso Hammie llegó hasta allí como caída del cielo, por eso no pudo levantarse... ¡Era cosa del destino!
Akihide: (intentando apartarse) Lo siento, lo...
Charlotte: (sujetándolo por brazo, apoya su mano libre en el rostro del guitarrista para acercarlo a ella) Yo también... Te amo. (Lo besa y envuelve entre sus brazos férreamente el torso de Akihide)
El guitarrista se aparta de ella solo un poco para que ambos puedan acomodarse mejor, y de inmediato volvieron a rendirse ante los besos y las caricias que compartían. Charlotte siempre creyó que, en una situación semejante, conseguiría llevar las riendas todo el tiempo, pero Akihide, desde el principio, marcó que esa era su cama y que ella sería suya. No lo hizo con brusquedad, sino con una bien dosificada suavidad que lograba que nuestra protagonista pierda la cabeza, pues prestó atención a cada rincón de su cuerpo. Charlotte no podía pensar ni aunque así lo deseara, tenía la mente en blanco absoluto mientras sucumbía por las llamas que trepaban velozmente desde su vientre hasta su abdomen, su pecho, su garganta y salían de lo más profundo de su ser en forma de leves gritos.
Muy diferente a esta era la situación en ZR, pues allí una gran parte de los empleados, casi todos, no sé si ya lo conté, ignoraban adrede la presencia del encargado de vestuario. Casi todos a excepción de Selenia, quien siguió trabajando a tope bajo sus estrictas órdenes. Solo pudo relajar los músculos de los brazos durante un momento, tiempo que aprovechó para buscar a Daigo, quien se encontraba en la sala de ensayos.
Selenia: (se le acerca de repente) ¡Doomo!
Daigo: (extrañado) ¿Doshite? [1]
Selenia: Por darle tus llaves a Charlotte. Aunque siempre estés haciéndote el cool [2], yo sé perfectamente lo bueno que sos.
Daigo: No lo hice por ella, sino por Akihide. Ya me tiene harto…
Selenia: Mentira… yo sé que lo hiciste porque aprecias a Aki–san, y también por mí, porque sabés que si mis amigas son infelices, estaré triste como perro abandonado. Ah, te olvidaste de esto (le entrega el toro de peluche, cuya imagen les dejé en el fin del capítulo 23)
Daigo: (agarra el peluche) ¿Por qué me das esto?
Selenia: Honno kimochi desu [3]
Daigo: ¿Es para mí, entonces? (ve que ella asiente) Está bien… Por cierto, estuve pensando en lo que hablamos anoche… y decidí hacerlo.
Selenia: ¿Vas a… hablar con Anna? A eso te referís, ¿no?
Daigo: Exactamente. Me enteré de que trabaja en el hospital donde estuviste internada, así que allí la buscaré.
Selenia: Me… me parece bien. ¿Cómo te enteraste… de eso?
Daigo: No importa cómo, simplemente lo sé.
Selenia: (bajando un poco la vista. La verdad estaba a punto de saberse y no podían quedar cabos sueltos) Wakarimasu... [4]. Emm... Mientras vos vas a hablar con ella... Yo necesito reunirme con Naito-sama.
Daigo: ¿Por qué querés hablar con ella?
Selenia: No veo el problema. Si se entera de la reunión de ustedes por otro lado podría impedirla. Además... tengo algo que hablar con ella.
Daigo: Esta bien... (Reflexiona un poco) ¿Quieres que yo te lleve?
Selenia: No... Prefiero que me arregles una reunión con ella, si no te molesta.
Daigo: (impresionado) Estas demasiado respetuosa...
La puerta es abierta repentinamente por SeungYeon, quien saludó a Selenia y Daigo con una respetuosa reverencia.
Hammie: Unnie, Ahjussi... lamento interrumpirlos, pero... (Entrega un llavero a Daigo) Charlotte onni me permitió entregarte esto.
Selenia: ¿Vos fuiste hasta el departamento?
Hammie: Si... Escuche anoche, antes de la actuación, que Aki-san estaba hablando con alguien, no sé con quién, pero le dijo que... Ya no seguiría con Charotte onni. Yo tenía algo que decirle, así que apenas supe que ella fue a buscarlo, decidí hacer una visita sorpresa también.
Selenia: ¿Y qué tenías que decirle?
Hammie: (sorprendida) Unnie... eso es algo entre ellos y yo.
Daigo: (a Selenia) Estas muy rara últimamente. Mientras sea por el bien de ese par, que diga lo que quiera.
Hammie: Gracias, Ahjussi. Bueno, yo los dejo solos. Sayonara (sale).
Casi de inmediato, Obatta vuelve a llamar a Selenia con urgencia, pero no para que siga trabajando sino para avisarle que él había decidido no participar en la gira que realizarían los artistas invitados por algunas ciudades vecinas durante diez días, y la productora eligió a nuestra protagonista para que los acompañé y se ocupe del vestuario. ¿Cuándo comenzaría el viaje? Ni más ni menos que el mismo día en que su hermano tomaría un vuelo de regreso a Argentina.
Obatta: Eso es todo lo que tengo para decirte. Podes retirarte.
Selenia: (no se mueve ni un centímetro) ¿Por qué me eligió para viajar, si antes dijo que quería mantenerme lejos de las tentaciones de los asiáticos?
Obatta: ¿Vas a serle infiel a Daigo? No parece tu estilo.
Selenia: Eso no contesta mi pregunta, pero olvídelo. Hagamos lo que usted quiera, Oba–sensee. (Saca su celular, lo programa para grabar y lo deja boca abajo frente al director de vestuario) Solo respóndame un pequeño asunto. Como es que su familia consiguió pagar los gastos médicos de Anna, su sobrina. Porque la internación, la rehabilitación, las cirugías reconstructivas… más el hecho de que haya pasado desapercibida… Debe ser una suma muy importante.
Obatta: (levemente alterado, intenta disimular) Eso no te importa, es un asunto familiar.
Selenia: ¿Y por qué le depositaban dinero desde una cuenta a nombre de Daigo Naito? (ve que Obatta la mira muy impresionado, pero no se atreve a responder) ¿Qué me puede decir al respecto? Usted aceptaba sobornos de la familia de Daigo–sama.
Obatta: No eran sobornos. Nosotros necesitábamos ese dinero o Anna moriría… y de pronto apareció esa mujer… Ryoko Naito, y nos prometió pagar las cuentas a cambio de que alejemos a mi sobrina de su hijo. El seguro podía cubrir el tratamiento, pero sin lugar a dudas, Anna iría presa por intento de homicidio…Así que aceptamos el trato de esa mujer, su dinero y su silencio a cambio de desaparecer a Anna. La idea era que las cirugías debían cambiar por completo su apariencia, así lograría pasar inadvertida, pero mi cuñada no quiso hacerlo.
Selenia: (dudosa) Es un trato que los beneficiaba demasiado. Anna solo pasaría unos años en prisión y se vería horrible, mientras que Naito–sama lograría alejarla de su hijo y ahorrarse millones de yenes.
Obatta: Yo ya te dije lo que sé. Si quieres saber porqué pregúntaselo a tu suegra.
Selenia: (recogiendo su celular) Eso haré mañana, pero todavía no me creo que usted acepte todo resignadamente, Oba–sensee. No parece su estilo. (Sale de la oficina)
Ya estaba terminando la jornada, por lo que nuestra morocha protagonista, sin más tareas que hacer, decidió retirarse con anticipación, mientras repasaba la grabación que obtuvo de Obatta, en la cual Ryoko Naito aparecía como una figura demasiado misteriosa y ciertamente oscura. Pero no le tenía miedo, al contrario: lo que había escuchado del director de vestuario le generaba tantas dudas que era muy capaz de encontrarse inmediatamente con la madre de Daigo.
Durante su caminata de regreso se encontró con Megg, y esta le preguntó que sabía de Charlotte, pues no contestó las llamadas en toda la tarde. Ambas decidieron quedarse esperando en el edificio de señoritas a su amiga, quien apareció aproximadamente una hora después, con una sonrisa de oreja a oreja y un aparente estado de hipnosis. Ignorando a todo mundo, la pelirroja subió al cuarto, seguida de cerca por las otras dos extranjeras y las tres muchachas japonesas.
Charlotte: (después de cerrar la puerta, lanza un grito de emoción) Si el mundo se acaba mañana, no me importa.
Megg: Eso significa que te fue bien, me alegro.
Charlotte: Me fue más que bien.
Atsuko: Para que estés tan emocionada, seguramente te dijo algo muy bueno.
Charlotte: Dijo que quería terminar conmigo (las cinco se sorprende de sobremanera, pero ella no les presta mucha atención), aunque luego se retractó, me pidió disculpas… (suspira, mientras se palpa las ruborizadas mejillas) y luego hicimos el amor…
Afortunadamente ninguna de las presentes estaba comiendo o bebiendo algo, porque se hubiesen atragantado de solo escucharlo. Aunque más impresionante que la reacción de sorpresa fue lo rápido que comenzó una entrevista por parte de Maya y Selenia a una Charlotte aparentemente ansiosa por compartir su maravillosa anécdota. Por lo menos, como única consideración, se limitaron a usar preguntas clave, como si descendió a los suburbios, si hubo golpe de karate, cuanto duró el jaleo o si hubo mucho jaleo. Las tres en su mundo se entendían, y a las demás parecía que estaban hablando de una película de acción más que de una condicionada. Tanto Megg como Tsugumi y Atsuko, al sentirse dejadas de lado, intentaron armar una conversación propia, pero el mismo tema se interponía y surgía casi con naturalidad, de una forma mucho más pudorosa, por supuesto. Sinceramente el motivo que desvinculaba a la muchacha más alta no era la vergüenza, sino que no deseaba escuchar una anécdota de semejante temática en la que el protagonista era Akihide.
Una vez que se dieron cuenta de la avanzada hora, decidieron acompañar a Selenia, quien como siempre se negaba a recibir compañía, hasta el edificio de Nakano, pues temían algún ataque en plena noche. Cuando llegaron a la entrada del lugar, se despidieron de la morocha y regresaron al edificio mientras esta primera entraba con la llave… sintiendo una presencia tras ella… vio una sombre aguardando a sus espaldas… ¿La loca se atrevió a llegar hasta allí? Un momento, la silueta era bastante delgada, demasiado alta para ser una mujer… y de ella provenía una fragancia que le resultaba conocida.
Selenia: (después de olfatear un poco) ¿Daigo–sama?
Daigo: ¿Cómo me reconociste? Estaba pensando en darte un buen susto.
Selenia: Es difícil no saber que sos vos, por el perfume y por la figura de lombriz. (con evidente sarcasmo) Y gracias por querer asustarme cuando tengo a una loca pisándome los talones. Qué lindo de tu parte.
Daigo: Es cierto… lo lamento… Un momento, ¿qué es eso de figura de lombriz?
Selenia: Supongo que queres subir, ¿no? (no espera respuesta y entra, invitándolo a pasar con ella. Una vez que llegaron hasta el piso, intenta esquivar lo que ella supone que son sus intenciones) Si querés hablar de algo, te pido que seas breve, porque tengo sueño.
Daigo: (enseñándole una bolsa de restaurante) Qué lástima, porque traje un ramen delicioso para cenar.
Selenia: (con brillo en los ojos) Ah… Ya se me fue el sueño. Yo pensé que venías con otras intenciones, pero la comida siempre es bienvenida.
Una vez que calienta el ramen, lo sirve en dos tazones y ambos se sientan a la mesa para comenzar a comer.
Daigo: ¿Cuáles pensaste que eran mis intenciones al venir aquí?
Selenia: Pensé que querías sexo.
Daigo: Sos demasiado esquiva con esas cuestiones… En fin, me comunique con mi madre, y estará encantada de reunirse con vos. ¿Ahora si vas a decirme por que queres verla?
Selenia: Primero que nada, arigatoo. Y... te lo voy a decir cuando termine de hablar con ella.
Daigo: (extrañado de tanto misterio) ¿Se trata de mí o es algo entre ustedes?
Selenia: Tengo una duda respecto a ella, pero si te lo digo ahora, podría estar acusándola injustamente. ¿Ya sabes lo que vas a decirle a Anna?
Daigo: Si. Muy calmadamente le diré que quiero escuchar su versión de la historia. El resto se lo dejare a ella. Voy a estar parado a unos dos metros de distancia para que te quedes tranquila.
Selenia: Es más importante para mí la conversación... ¿Puedo hacerte una pregunta muy muy directa?
Daigo: Es muy raro que pidas permiso, si siempre fuiste muy directa sin más. Desde que llegó Andoresu [adaptación silábica y fonética de Andrés] estás muy rara.
Selenia: (conserva su seriedad) Tomaré eso como un sí. ¿Todavía sentís algo por Anna?
Daigo: (entre sorpresa y cierta indignación) Creí que quedó claro que esa historia se murió. ¿Por qué salís con eso de repente?
Selenia: Quiero saber que va a pasar mañana, si todavía amas a Anna y existe la posibilidad de que vuelvas con ella.
Daigo: (parece un poco aliviado) Pero nada de eso va a suceder. No amo a Anna, estoy más cerca de odiarla que de compadecerme por ella.
Selenia: (reflexiva) No la amas... No sé porqué no puedo creerlo. Pero voy a cambiar la pregunta. ¿A mí sí?
Daigo: (extrañado) ¿Es aquí a donde querías llegar? ¿A saber si estoy enamorado de vos o no? Pues bien... Lamentablemente mi respuesta es negativa. Si me hubieses preguntado hace una semana, estaría pensándolo un buen tiempo... pero desde que saliste del hospital estas comportándote de una forma muy diferente, casi como si fueses otra persona. ¿Dónde está la Serenia que no pensaba tanto las cosas, que hacía lo que le daba la gana sin importar cualquier opinión, que hablaba sin frenos ni prejuicios, haciendo chistes y bromas?
Selenia: (levemente irritada) Cuanto tengas una loca intentando matarte, una persona que te agradaba y que ahora habla en tu contra, una ex de tu actual que te dice que la loca es peligrosa, y otra ex… que no es solo una ex, sino que fue la persona más importante… y encima tengas que hacer dieta o tu operación de tobillo se va a la mierda… Cuando te pase todo eso tendrás la respuesta a tu pregunta, ¿ok?
Daigo: (se tranquiliza y, pensándolo mejor, decide que Selenia tiene razón) Es cierto… olvidé todas las cosas que estás aguantando por mi culpa.
Selenia: (también se calma) Nadie puede reírse con un cuchillo cerca de la garganta. Yo trato de parecer positiva… Ok, todo está bien… Pero… yo sí lo hago (capta la atención de Daigo por completo). Vos contestaste que no… pero yo sí lo hago. Esa es la peor mierda de todo esto.


Martes: (si no meto un pie al acelerador, no termino más)
Desde la ventana del restaurante en el que Daigo la noche anterior le indicó en una nota que la iban a estar esperando, Selenia ya podía ver a Ryoko Naito, ojeando el menú. Nuestra protagonista comenzó a acercarse lentamente, pensando y repensando lo que hablaría con la madre de Daigo, y alegrándose en el fondo de haber elegido un vestuario algo más sobrio que los que solía vestir habitualmente.
Selenia: Naito–sama… (corre la silla y se sienta frente a la mujer) Muchas gracias por acceder a hablar conmigo tan de repente.
Ryoko: Hija, eso no es molestia para mí. Escogiste un buen día, no tengo mucho que hacer hoy. Espero que no te moleste que haya elegido por vos, pero en este lugar la comida es estupenda, y me aseguraré de que pruebes lo mejor.
La morocha prefirió esperar a que terminaran la comida antes de hablar de ese tema tan delicado, la participación de Ryoko en la falsa muerte de Anna, así que comenzó una conversación más amena sobre temas medianamente relevantes. Naito–sama se mostraba bastante sorprendida al notar lo diferente del comportamiento que mostraba Selenia, mucho más prudente y reservada, sin esa soltura casi natural que antes la caracterizaba. Pero sabemos que no es la única sorprendida por eso, y hay conductas que simplemente no se pueden evitar… Nuestra protagonista pensaba más que nada en la charla importante, no apartaba los ojos de la meta, y, sinceramente, le estaba costando mostrarse agradable con la madre de Daigo después de escuchar la confesión de Obatta. Pensar que la mujer que tenía en frente, quien además la llamaba hija y apoyaba su relación con el vocalista, hacía dos años boicoteó a Anna y arregló todo lo necesario para fingir su muerte.
Selenia: (una vez que terminaron la comida) Gochizoosama, estaba delicioso. Naito–sama.
Ryoko: (complacida) Me alegra que te haya gustado, podemos volver cuando quieras.
Selenia: (adopta una pose más seria) Naito–sama, hay un tema importante que me gustaría hablar con usted. Anna está viva, ¿lo sabía?
Ryoko: (desconcertada) ¿Qué está viva? ¿Pero qué estás diciendo? Ella murió hace dos años.
Selenia: (comienza a reproducir la grabación que hizo con el celular y se la enseña a Ryoko. Una vez que esta termina) ¿Qué tiene que decirme al respecto?
Ryoko: (alterada) No puede ser… Con todo el dinero que les di, ¿cómo pudo ese hombre delatarme con tanta cobardía? ¿Y cómo es que obtuviste esos datos bancarios?
Selenia: Creo que no está usted en posición de hacerme preguntas, sino de contestarlas. ¿Por qué usted pagó a los Obatta para que finjan la muerte de Anna? ¿Para alejarla de Daigo? ¿Por qué?
Ryoko: Esa mujercita casi mata a mi hijo, creo que tu pregunta está demás. Pensar que Daigo podía llegar a perdonarla… después de todo lo que le hizo. Yo tenía que proteger a mí hijo. Como soy una mujer de buen corazón, no mande a que acabaran con su vida. Es más, con el dinero que di a los Obatta, ellos pudieron mejorar su calidad de vida. ¿Y qué pedí a cambio? Que se alejara de mi hijo. Pero esa gente no me cumplió… y ahora tendrán que pagar el precio.
Selenia: (extrañada) ¿A qué se refiere?
Ryoko: (sonríe con mucha confianza) Los Obatta tienen un gran secreto, que no sabe ni su retoñito Anna, si es que así se le puede llamar.
Selenia: Anna ni siquiera sabía que estaba muerta para los demás, como va a saber los otros secretos de su familia.
Ryoko: Anna Obatta está muerta… La verdadera Anna, claro.
Antes de que Selenia pudiese preguntar a Ryoko de qué estaba hablando y que era eso de la verdadera Anna, recibió una llamada de Ichiyo desde ZR, en la cual la recepcionista le contaba que Daigo y Obatta antes de que el vocalista se marchara de allí. La preocupación de la muchacha era demasiado evidente, y potenciada se contagió a nuestra protagonista, quien temía por la charla que él había prometido entablar con Anna… Una vez había intentado ahorcarla, y no pudo lograrlo porque ella lo impidió. Pero ahora, en el estado de alteración que le habían descrito… ¿qué era capaz de hacer? Tenía que detenerlo… o ayudarle a esconder el cadáver.
Selenia: (se pone de pie y recoge su cartera y el abrigo rápidamente) Lamento cortar la conversación, pero se me presentó una urgencia.
Ryoko: (anota rápidamente algo en una tarjeta y se la entrega a Selenia) Toma. Después de hablar con esta persona, podrás descubrir quién te ha estado haciendo la vida imposible. Cuidate mucho, hija.
Selenia saluda a Ryoko inclinando la cabeza y sale del restaurante lo más rápido que puede. Daigo le había dicho que hablaría con Anna en el hospital, así que esa sería su primera parada. Muy en contra de su espíritu austero, tuvo que apresurarse en un taxi, y durante todo el trayecto se mezclaban las ideas sobre la charla con Naito–sama y lo que podía suceder con el vocalista. “Ojala no pase nada” repetía hacia sus adentros, “Ojala no empeoren las cosas… porque ahí sí que no podré seguir callándome la verdad.”
Una vez que llegó, buscó apresuradamente por los pasillos, los baños, cualquier lugar en el que pudiese encontrarlos, y los halló cerca del área de descanso. Apenas los vio durante un segundo, notó que sus temores eran completamente infundados… Estaban hablando pacíficamente… Hasta los escuchó reírse… el alivió que sintió resultaba indescriptible. Aunque no podía verlos claramente, pues se había ocultado un poco, la pareció de Daigo no estaba tenso. Tampoco podía escuchar lo que decían más allá de simples murmullos, pero vio que Anna se acercó un poco al vocalista y estiro débilmente su abrigo, lo miró y de inmediato bajó la vista. Aparentemente, le estaba pidiendo la oportunidad de abrazarlo, y él, con cierto dejo de duda, no se la negó, aunque se mostraba un poco frío. La muchacha no desaprovecho la oportunidad de rodearlo con los brazos…
Bien, el reencuentro no accidentado marchaba bien, casi a pedir de boca. Hasta ese momento Selenia estaba moderadamente tranquila, pues en el fondo, ese abrazo la incomodaba, aunque no representaba una amenaza real…Pero todo cambio cuando, antes de retirarse,  vio que… Anna, rápidamente, levantó la cabeza para poder ver a Daigo, y no solo eso, sino que estiró el cuello… ¡Y lo besó! Si, lo besó en la boca. Él permaneció como una piedra, no la rechazaba… No se mostraba indiferente siquiera, incluso vio que apoyó una mano en el hombro derecho de la muchacha. ¿Estaba de acuerdo, entonces? Antes de que se dieran cuenta de que estaba allí, decidió retirarse con la misma rapidez con la que había llegado, regresando al taxi que la había esperado.
Dentro del vehículo, pidió que la llevaran hasta el edificio de señoritas sin darse cuenta, pues no era adonde quería ir en realidad. Las imágenes de ese beso, como si fueran gifs que se repetían una y otra vez, llenaban su mente. ¿Cómo podía estar pasando eso, se Daigo le había dicho que ya no amaba a Anna, que el pasado que compartieron estaba completamente muerto? Lo negó con tanta seguridad que ella casi le creía… pero una parte de ella no confiaba en esa negación… ¡y qué bien hizo! Selenia trató de hacer que pensara en esa posibilidad, y él no lo hizo. ¿Cuál fue el resultado? La traicionaba… ¡La traicionaban los dos! Si, Anna también, pues le había jurado que ya no estaba interesada en el vocalista, que había conocido a otra persona… Además de a ella, estaban traicionando a Jonathan.
Cuando las muchachas del edificio la vieron entrar, suponían que llegó a buscar a Megg y Charlotte como todos los días, más temprano que de costumbre, pero no les pareció raro. Tampoco extrañó a sus amigas que entrara al cuarto sin decir una sola palabra… eso sí, al ver que elegía prendas del ropero, no les resultó muy normal que digamos.
Charlotte: Selenia… ¿Qué haces?
Selenia: (sin mirarla, tiene un nudo en la garganta) Elijo ropa… tendré que hacer un viaje como personal para la pequeña gira del Spring Fest.
Megg: Shinpei no me contó que te hayan elegido para ir… (se le acerca un poco, preocupada) Pero me contó lo de la ex de Daigo… (apoya una mano sobre el hombro de Selenia) ¿Cómo te sentís al respecto? Debe ser muy difícil para vos saber que la tipa que casi tiene un hijo con Daigo y a la que todos creían muerta esté viva en realidad… Y que los haya engañado todos…
Selenia: (fría y cortante, intentando que no se le quiebre la voz) No quiero hablar de eso, no es asunto mío.
Megg: ¿Cómo qué no? Si yo fuera vos, estaría muerta de los nervios. ¿Mira si apareció para recuperarlo?
Charlotte: Claro, podría ser una perra como Ximena, pero me compadeceré de ella y de la paliza que le podes dar si se acerca a Daigo. (Las dos ríen) Aunque no te veo diciendo “Aléjate de mi hombre, perra”.
Selenia: (se levanta de repente, luego de meter varias prendas es una mochila) Ya dejen de hablar mierda. (Intenta salir de la habitación, pero sus amigas se lo impiden) ¿Qué quieren ahora?
Megg: Che, si estás de mal humor no es culpa nuestra.
Charlotte: No te la agarres con nosotras.
Selenia: ¿Ya terminaron? (ninguna de las dos agrega algo mas) Perfecto. (Las esquiva y sale del cuarto)
Megg: (saliendo del cuarto) Hey, no te vayas todavía que no estamos listas. 
Desoyendo a la rubia, Selenia abandona el edificio en dirección al piso de Nakano. Las otras dos podían ir sin ella, pues no pensaba ir a trabajar en el estado en que se encontraba. Imagen tras imagen, ese beso se repetía constantemente en su cabeza… Daigo y Anna estaban juntos ahora, haciendo a un lado todo lo que le dijeron. Nuestra protagonista sabía que esto podía suceder, lo creía totalmente posible, intentó metérselo en la mente, adaptarse a las idea… pero era muy claro que no lo logró… ¿Cómo se quitaría esa puñalada de en medio del pecho? ¿Anna la había utilizado para volver con Daigo? Si bien él le dijo que no la amaba, ¿La quería tan poco como para echar por tierra todo lo que le había dicho? Y lo peor de todo es que ella no podía decirse una víctima inocente cuando acepto involucrarse en esa red de mentiras que ahora la dejaba afuera. 
Cuando se acercó a la puerta de entrada del edificio, se acercó a ella su hermano, quien la estaba esperando, sorprendiéndose al ver sus ojos enrojecidos y una lagrima que salía de ellos, y que Selenia intentó secar rápidamente solo para que otra haga lo mismo.
Andrés: (preocupado) Selenia… ¿Qué te pasa?
Selenia: Daigo–sama y Anna… ya se reunieron.
Andrés: Acaso… ¿ellos decidieron volver?
Selenia: Yo los vi... Él la abrazó... y ella lo besó... (Comienza a llorar) ¡Ellos están juntos ahora!
Andrés: (estrechando a su hermana entre sus brazos) Tranquilizate, Selenia. Esto podía pasar, lo sabíamos desde el principio.
Selenia: Pero… ellos dijeron que no pasaría. Se llenaron la boca diciendo que no pasaría y aun así lo hicieron.
Sin saber qué hacer para que su hermana se alivie, Andrés solo pudo abrazarla y dejar que se desahogue sobre su hombro. Una vez que entraron al piso, le preparó un té relajante para que pueda calmarse y dormir un poco antes de tomar alguna de todas las decisiones que, movida por la rabia, planeaba ejecutar desde ese mismo momento si era necesario. Apenas pudo comentarle un poco lo que sucedió en la su almuerzo con Ryoko Naito, y entregarle la tarjeta, pues la identidad de la acosadora le interesaba más a él que a ella… Selenia solo quería tenerla en frente para romperle los huesos, fuese quien fuese. Después de eso, se quedó dormida, mientras el muchacho argentino observaba lo que habían escrito en ese pequeño pedazo de papel… El dato de aquella mujer llegó un poco tarde, pero le demostraba que la conversación que sostuvo con el taxista que lo llevó a Nakano y la información que recibió del mismo era totalmente verídica.
Pues verán, después de una reunión improvisada reunión con Hernán y Diego, en la cual planearon estratégicamente como preparar a Jonathan para todo lo que podría avecinarse respecto a su nueva relación con Yuki, Andrés tomó un taxi para ir a ver a Selenia antes de que ella vaya al edificio a encontrarse con Charlotte y Megg. Durante el trayecto, el muchacho golpeó accidentalmente su cabeza contra la ventana del vehículo, y el sonido fue tal que el conductor pensó que lo rompería.
Taxista: No sería la primera vez que un golpe en la cabeza o la cara de alguien me cuesta un vidrió del vehículo.
Andrés: ¿Ya hubo un tipo al que le pasó en verdad?
Taxista: Un hombre no, una chica. Una actriz de televisión. Ese golpe le habrá arruinado la carrera, porque desapareció del drama en el que iba a participar.
Andrés: (extrañado y entusiasmado al mismo tiempo) ¿Una actriz? ¿No será que… se refiere a una chica llamada Anna Obatta?
Taxista: Si, creo que así se llamaba. Cabello negro, ojos grandes, bastante guapa. ¿La conoce?
Andrés: Sé de ella. Entonces... ¿Usted llevó a Anna Obatta el día en que la atacaron?
Taxista: Ese día jamás podrá borrarse de mi mente.
Andrés: ¿Y usted vio a la persona que la atacó?
Taxista: (lo mira fijamente) A esa chica no la atacaron... Nadie la hirió. (se vuelve hacia el camino) Ella misma estrelló su cabeza contra el vidrio.
Andrés: ¿Qué dice?
Taxista: Lo que escucha. Esa chica tenía una fuerte jaqueca, y de repente observó el espejo. Su expresión cambió por completo, parecía una persona agresiva… Se agarró del cabello, como si no fuese ella misma, y estrelló su cara contra el vidrio. Nunca en la vida vi semejante locura.

Las palabras del taxista no salían de su mente, y la tarjeta que firmó Ryoko Naito abalaba todo lo que había escuchado… Anna era la acosadora, tenía trastorno de personalidad disociada. Por eso no recordaba una parte de su rehabilitación… porque en esos momentos aparecía la otra, la demente… Anna era su propio verdugo, y ahora constituía una verdadera amenaza para la vida de Selenia. Pero algo bueno podía sacar de lo que había sucedido con su hermana: Tenía que convencerla de que Daigo y Anna la traicionaron para que se aleje de ellos y así este fuera de peligro. Él sabía que nuestra protagonista, si se sabía engañada, podía llegar a vengarse o en el mejor de los casos, a romper todo contacto absolutamente adrede.

Miércoles:
(Por la mañana)
Hacía ya casi una hora que Andrés estaba despachando su equipaje en el aeropuerto, en un día en el que había muchísima gente allí. Otra vez nuestras protagonistas pisaban ese lugar, cada vez más cerca de ser ella quienes aborden un vuelo. La visita del hermano de la morocha parecía tan corta, pero a la vez ha colaborado bastante y no deja mucho (si, a mí y a ustedes). Para despedirlo habían ido, como ya dije, Selenia, Charlotte y Megg, sus amigas japonesas, Diego y Hernán, con quienes se llevaba muy bien. Jonathan tenía una clase, así que no pudo ir, pero le dejaba muchos saludos y buenos deseos en su viaje.
Andrés: (Revisando el pasaje) Ya se acerca la hora, y veo que hay una larga fila. (agarra su bolso de mano y se lo cuelga al hombro) Bien, ya es hora de partir.
Atsuko: Que tengas buen viaje, Andoresu–san.
Tsugumi: Es una lástima que ya tengas que irte, no pudimos mostrarte bien la ciudad ni los alrededores.
Andrés: Porque vine a hacer un trabajo y casi no tenía tiempo. Pero todo lo que vi fue fabuloso. Creo que regresaré algún día, con más tiempo.
Maya: Hubiesen avisado antes que te ibas, así hacíamos una fiesta de despedida.
Andrés: A mí también me avisaron sobre el pasaje con poco tiempo, no se preocupen. Pero ya quiero estar en casa y comer un buen asado.
Hernán: Hey, deja de presumir.
Andrés: (a modo de broma) Asado de vaca… y con pan.
Diego: (después de que todos rieron por la broma) Ninguna barbacoa superará al asado, sin dudas. No nos pondremos tristes porque te vas, allá vas a comer bien.
Andrés: Así será. Comeré toda la carne que pueda por ustedes. (saluda con la mano a Hernán y Diego) Adiós muchachos, fue un gusto conocerlos. (al joven más alto) Recordá lo que me prometiste. (a las chicas japonesas) Adiós, señoritas. (a Atsuko, apuntando al muchacho de amplia sonrisa) Cuidame a este bobo. (se vuelve hacia Selenia) ¡Hermanita! Recordá lo que hablamos, ¿sí? Pronto las veré allá, así que solo te recordaré que te cuides y nada de peleas con pandilleros.
Selenia: Eso ni me lo recuerdes… Cuarenta días… en cuarenta días nos vemos, hermanito. (lo abraza) Saluda a nuestros padres, a Barbi… Y no dejes que sobrealimenten a July.
Andrés: Enviaré tus saludos, y con July haré lo que pueda. (deshacen el abrazo)
Charlotte: (acercándose un poco) Que tengas buen viaje, Andrés. Envía también saludos a mis padres.
Megg: (hace lo mismo) Y a los míos, si es que podes.
Andrés: Siempre que pueda, lo haré. (apoya cada mano en uno de los hombros de las muchachas, y les habla con cierta confidencialidad) Yo sé que es difícil, pero quiero pedirles que dejen sus egocentrismos de lado y comprendan un poco por Selenia. Con los acosos de esa loca, mas este asunto Daigo–Anna, la operación del tobillo y las irregularidades en el trabajo, ella no ha estado muy bien que digamos. Puede que no lo parezca, pero mi hermana necesita que, como tantas veces ella las ayudó y apoyó, ustedes hagan lo mismo. Son sus amigas, ¿no?
Charlotte: Tenés razón…
Megg: Es cierto… como ella siempre se las arregla sola, a veces nos olvidamos de que también puede necesitarnos.
Charlotte: Selenia siempre nos ayuda, tenemos que ser un poco más agradecidas con ella.
Andrés: Yo sé que ustedes aprecian a Selenia, aunque casi nunca se lo demuestren. Espero que en mi ausencia todo siga marchando bien. (a todos) Bien, ya es hora. (Eleva una mano, antes de dar media vuelta para dirigirse a la fila) ¡Sayonara!
Las muchachas y sus amigos saludan también a Andrés y lo ven despedirse hasta que su figura se les pierde entre la multitud. Nuestras protagonistas se despiden de los chicos y junto a las jóvenes japonesas regresan al edificio, donde almuerzan junto a las demás habitantes de la residencia. No faltaba mucho para que Selenia también tenga que partir con el Staff de ZR en una pequeña gira que abarcaría una semana. Sin que nadie lo notara, deshabitó el piso de Nakano. Con el viaje, planeaba relajarse y recuperar fuerzas, comenzar una nueva etapa cuyos cambios comenzarían desde esa misma tarde.
Aproximadamente a las tres de la tarde, Selenia ya estaba junto al bus que la llevaría, tanto a ella como al resto del staff y a los artistas invitados. Se había despedido de sus amigas en el edificio, y mientras los demás subían al vehículo, acomodaban sus cosas y se sentaban esperando el viaje, luego de ser saludados por los empleados que se quedaban y los representados por la productora. Nuestra protagonista aún estaba afuera, cerca de la puerta, no se unía a los demás, sino que aguardaba a que Daigo saliera… Antes de irse, hablaría rápidamente con él.
Ichiyo: Se–chan, que tengan un buen viaje. Gamarimasu [5] (apoya esta palabra haciendo un gesto con los puños).
Selenia: (levantando un puño cerrado) Gambarimasu. (Saca un sobre de su bolsillo y se lo entrega) Ichiyo–san, ¿podes darle esto a Oba–sensee?
Ichiyo: (agarra el sobre) Claro, no hay problema (inclina un poco la cabeza para despedirse, y apenas se va, llega Daigo).
Daigo: ¿Cómo es eso que de que vas con el Staff? Acaba de contármelo Obatta.
Selenia: Me pidió que vaya y yo acepte, no tenés nada que reclamarle.
Daigo: ¿Por qué no me lo dijiste?
Selenia: Iba a decírtelo después de que hablaras con Anna, pero te vi tan ocupado besándola que preferí no interrumpir y luego preferí no hacerlo, por razones obvias
Daigo: ¿Fuiste hasta el hospital?
Selenia: Si… El hospital… el lugar donde Saori–san me vio reunirme con Anna a mí también. (ante a expresión de sorpresa en el semblante de Daigo) Es cierto que ella nos escuchó, es cierto lo que dijo, yo lo sabía.
Daigo: (comienza a ponerse rojo de ira) ¿Lo sabías y continuaste mintiéndome?
Selenia: Hice lo mismo que hicieron todos porque tu madre también lo sabía. Ella pagó a los Obatta para fingir la muerte de tu mujer. Si querés más detalles, preguntáselos a ella. Y por mi presencia no te preocupes, que me corro de todo esto. Decile a Anna que le regreso lo que era suyo, su trabajo y su hombre. (Antes de que la llamen desde el bus, entra y cierra la puerta del vehículo que ya estaba listo para partir)

Aclaraciones:

1 ¿Por qué?
2 Cool tiene un sentido diferente allá, se usa para calificar a alguien altivo y ciertamente indiferente o intimidante. Aquí lo usamos como sinónimo de copado o buena onda.
3 Esta es una pequeña muestra de mi corazón. Frase que se dice al entregar un obsequio.
4 Wakarimasu: Entender en modo presente formal.
5 Gambarimasu: Esfuérzate en presente formal

En el próximo episodio:
Daigo: ¿Por qué... Por qué ocultaste que Anna estaba viva?
Selenia: (traga saliva) Pensé en decirte la verdad, pero cuando escuche su historia... No pude delatarla.
[...]Daigo: Serenia Gonsaresu está muerta para mí a partir de ahora.

Charlotte: (entre risas) Es hora de que esos dos cupiditos reciban una cucharada de su propia medicina.
Akihide: ¿En qué estas pensando?
Charlotte: Los dejaremos abanondados en Hakodate.

Ryoko: Anna Obatta está muerta, yo puedo llevarte a donde la enterraron.
Daigo: Dejá de mentir. Vos encubriste la falsa muerte de Anna, no me tomes por idiota.
Ryoko: Me refiero a la verdadera Anna Obatta.

lunes, 9 de junio de 2014

Capítulo 24: ¿Todo acabó? (parte uno)

Anteriormente: La acosadora se acerca cada vez más a Selenia, amenazando no solo su seguridad, sino su vida; y esto comienza a sembrar paranoia en las personas a su alrededor, especialmente en su hermano, quien comenzó un plan para detener los ataques.
Charlotte y Akihide por fin empezaron a concretar una relación y sienten paz entre ellos, pero Calvin Chen besó a la fuerza a nuestra pelirroja protagonista y despertó los celos y la furia del guitarrista... ¿Cómo seguirá la relación a partir de eso?
Anna, con la colaboración de Selenia y Andrés, dio marcha a una complicada estrategia para revelar a Daigo la verdad. Todo estaba saliendo bien... sin embargo, Saori Tomoe decidió sabotear el plan y Anna quedó al descubierto ante el vocalista de la peor manera.
La ira, producto de dos años de engaños y dolor absurdo... se apodera rápidamente de Daigo.

Capítulo 24: ¿Todo acabó?

De tenues a brillantes... cada vez más brillantes, se encendieron las luces del estadio otra vez. El público ya comenzaba a palpitarlo, coreando el nombre de la banda, que desde la pantalla parecía saltar, y de inmediato, cinco muchachas en el escenario empezaron a mover las caderas con mucha gracia, invitando a los espectadores a bailar con ellas.
Ese tercer día, el concierto fue abierto por Kara, la primera noche por Fahrenheit y la segunda por SHINee. Y el domingo, comenzó la última noche de Spring fest con toda la energía del quinteto pop surcoreano, pero... mientras cantaban, tanto cuatro de ellas como el público se dieron cuenta de que alguien sustituyó a Gyuri... usando una versión masculina del traje de Mister. Aun así no se detenían... hasta que apareció la líder del grupo, reclamando su lugar en el escenario. La audiencia estallo en carcajadas con el "pleito", que terminó en un abrazo y siguieron cantando juntos... antes de una nueva interrupción, en la que Onew vino a llevarse al intruso sin previo aviso.
Después de la interrupción, las muchachas continuaron bailando hasta terminar Mister e invitaron nuevamente al público, pero esta vez a saltar al ritmo de Jumping. Para finalizar su bloque, cantaron Speed up, y posteriormente cedieron el escenario al grupo donde estaba el usurpador: a SHINee.
La energía y entusiasmo de la última noche se hacían sentir del primero hasta el ultimo asiento del Tokyo Dome, pero desde el principio estuvo allí, vibrando constantemente... Si, desde el viernes, día en el que sucedió... día en el que se le reveló a Daigo la verdad, en el cual nuestro soberbio protagonista  supo que Anna estaba viva... Estuvo viva todos esos años en los que sufrió por su falsa muerte, en los que la extraño y se rehusó a volver a amar, en los que se culpó sin sentido, en los que lo agobió la soledad de no tener a su mujer o de no poder acariciar la bebé en su vientre... 
Daigo: (con voz temblorosa, apenas puede contener su ira) ¿Así que estás viva, eh? (mientras corre hacia ella) Pues no será por mucho tiempo.
De inmediato, sin que nadie lo espere, rodea el cuello de Anna con las manos y comienza a ahorcarla sin la menor compasión. Selenia y Obatta se acerca a ellos lo más rápido que pueden para lograr separarlos, pidiendo a Daigo que se calme y la suelte, mientras que él grita que la va a matar, entre un montón de insultos. Con mucha dificultad, liberan a la muchacha del ataque del vocalista, su tío consigue apartarla hacia un lado, preso de la conmoción, para que ella pueda recuperar el aliento. Nuestra protagonista ataja a Daigo e intenta calmarlo, pero casi no puede con ella misma. No esperaba la intromisión de Saori al revelarle la verdad, pero mucho menos que él intentara matar a Anna frente a sus ojos, jamás lo creyó capaz de semejante violencia. Y ahora que lentamente volvía los ojos hacia la morocha extranjera, un pánico desconocido la recorrió desde la cabeza hasta las puntas de los pies.
Daigo: (a Selenia, severamente) ¿Es verdad que lo sabías?
Selenia: (Esa mirada iracunda y el tono severo de su voz la inquietan, pero esa no era hora de retroceder, sino de admitir su culpa, así su relación se vaya al mismísimo infierno) Daigo-sama, lo...
Obatta: ¿Cómo iba a saberlo? Eso es falso. Si ella lo supiera, ya me hubiese preguntado.
Selenia: (al sentir los ojos de Daigo nuevamente sobre ella se llena de nervios... que él confunde con la conmoción propia de una persona que acaba de ver a alguien a quien creía muerto) Daigo-sama, yo...
Saori: Claro que lo sabía (a Selenia) ¿O vas a negarlo? (se le acerca y la zamarrea) ¡No te atrevas a negarlo!
Daigo: ¡Dejala en paz! ¿Vos desde cuando sabes que Anna está viva?
Saori: Eso no es lo importante. Anna está viva y Serenia te lo ocultó. Ella lo sabía y juntas planeaban engañarte, yo las escuche.
Daigo: Eso no es cierto. Se-chan es incapaz de ocultarme algo tan grave.
Mientras ellos discutían, Selenia y Anna compartieron miradas para indicar que harían a continuación: aunque las circunstancias eran un poco diferentes, el plan no había cambiado, y la morocha protagonista seguía a un lado del ojo de la tormenta. No le parecía justo, pero estaba en deuda con Anna por lo que sucedió con Ximena. Tenía que seguir lo estipulado.
Selenia: Basta. No se pongan a discutir. Respondeme una cosa, Saori-san. ¿Me viste hacer lo que decís que hice? ¿Me viste hacerlo? Te estas equivocando. ¿Qué clase de persona pensás que soy? (A Daigo) ¿Vos creés que yo ocultaría algo tan grave? ¿De verdad pensás que soy capaz de hacer eso?
Saori: No me vengas con derroches de dignidad.
Daigo: No lo creo, por eso te lo pregunte.
Selenia: No son derroches de dignidad. (Piensa) "Se llama encubrir la verdad con preguntas que dan a entender otra cosa" (en voz alta) Y no pretendo tratarte como a una mentirosa. Quizás te confundiste.
Saori: No me confundí, estoy segura de que ustedes se reunieron a cuchichear en el baño. ¿Cómo te atreves a negarlo?
Daigo: ¿Cómo es que pudiste escucharlas si estaban hablando bajo? Lo que estás diciendo supone algo espantoso. Y no voy a creerlo.
Saori: Daigo, te estoy diciendo la verdad.
Daigo: (seriamente) Se-chan dice lo contrario y yo le creo.
Después de escuchar esto, Saori da media vuelta, indignada, y se retira sin agregar más a lo que había dicho. Dado el carácter que conocía de Daigo, nada lo haría cambiar de parecer. Incluso hasta ahora, él continuaba creyendo que Selenia desconocía la verdad antes de aquella confrontación. Ya habían pasado casi tres días, el Spring fest, con esa última canción, interpretada por todos los artistas, estaba llegando a su fin. Poco tiempo, realmente, pero para Selenia ya representaba una completa tortura mental interminable. Lo peor de todo es que solo podía hablar de eso con su hermano. No sentía necesidad de comentar la situación con sus amigas mientras el asunto no estuviera resuelto. La impunidad nunca fue su estilo.
A diferencia de su país, la salida del concierto fue muy tranquila y organizada, aunque un poco más lenta. No hubo empujones ni demoras, y una vez que estuvieron afuera, todavía con la euforia en las venas, caminaron unas cuantas cuadras hasta llegar a donde dejó estacionada Andrés la camioneta que había rentado. Allí algunas de las muchachas se despidieron de sus novios y fueron llevadas al edificio. A esa hora Tokyo era casi un desierto dando las primeras y leves señales de vida.
Después de dejar a las cinco muchachas frente al edificio, y asegurándose de que entren bien, Andrés llevó a Selenia hasta el piso en Nakano, y habló con ella durante el breve trayecto.
Andrés: Selenia… Estos días estuviste hecha una verdadera bomba de tiempo.
Selenia: Y con justa razón, ¿no te parece? Yo antes era la sinceridad en persona… Ahora no soy más que una hipócrita de quinta categoría. Lo peor de todo es… que yo estoy mintiendo y me tratan bien, pero… Saori–san decía la verdad y por poco la tildan de loca. Es raro…
Andrés: Bienvenida al mundo de las relaciones públicas. Cuando la verdad es mala, hay que reemplazarla con una mentira bonita así todo el mundo está contento. A la gente superficial y hueca le encanta que todo sea lindo y que todos estén de acuerdo con sus estupideces. Y la otra gente, que conviven con esas personas, miente para quedar bien.
Selenia: Por esas casualidades de la vida, no estarás tratando a Daigo–sama de estúpido, ¿verdad?
Andrés: Él confía mucho en vos porque, para bien o para mal, siempre le dijiste la verdad. Como decía ese refrán, hazte fama y échate a dormir. No debe extrañarte que te crean aunque estés mintiendo si tenés esos antecedentes de sinceridad patológica.
Selenia: Estoy rompiendo la promesa que le hice… Alguien, a quien le costaba mucho vincularse con una mujer durante dos años, está confiando en mí ahora… Y le miento horriblemente.
Andrés: La culpa no te sirve. Y menos ahora. Cuando estabas distraída en la salida, tomé tu celular e invité a Daigo Naito al piso para que puedan hablar. (Ante la sorpresa de su hermana) No te estoy vendiendo, sino que te doy la oportunidad de que lo convenzas. Metele la idea de que Anna no le mintió, todo sucedió sin que ella lo aprobara.
Selenia: (irritada) Pero él no va a creer que quiero hablar. Él va a creer que quiero sexo.
Andrés: (carismáticamente) Bienvenida al mundo de la verdadera supremacía femenina: con sexo conseguís lo que sea de un hombre.
Selenia: No es gracioso… Yo soy una chica decente.
Andrés: (entre risas por los copiosos aspavientos de su hermana) Dale somnífero. Cambiando de tema, me marcho el miércoles… Mis asuntos aquí ya terminaron, así que… (Estaciona. Ya habían llegado) Cuando regrese a casa, quiero que vengas conmigo.
Selenia: ¿Cómo voy a regresar? Todavía tengo que esperar la corrección de la tesis y defenderla en la universidad. ¿De qué estás hablando?
Andrés: Eso qué importa. Yo no quiero que esa loca te mate. Regresemos a casa juntos, después vemos cómo arreglar.
Selenia: No puedo dejar a Charlotte y Megg solas aquí...
Andrés: (precipitadamente) Por un vez en la vida, pensá primero en vos. Tu vida corre peligro en Tokyo. En Argentina, cerca mío y del resto de la familia, vas a estar a salvo. Si explicamos esto, nos van a...
Selenia: Andrés... hermanito, yo no tengo miedo. Sé que no tengo idea de quien quiere matarme, sé que podría ser alguien que conozco, incluso, pero... no tengo miedo porque no tengo nada que perder...
Andrés: Podes perder la vida, ¿qué estás diciendo?
Selenia: ¿Y eso que importa? No va a pasar, ella no va a matarme.
Andrés: (al borde de la resignación, apoya la cabeza y los antebrazos sobre el volante) ¿Por qué sos tan terca?
Selenia: (abre la portezuela del coche) No soy terca, pero no voy a salir corriendo y mandar seis años de mi vida a la mierda por culpa de una loca. Nos vemos mañana, hermanito. (Baja del automóvil)
Andrés: (para sí, mientras ve ir a Selenia) Estúpida cabrona. Ahora tendré que sacarte a la loca de encima antes de irme. (Pone en marcha el vehículo y se dirige al hotel donde se hospeda)
Selenia, mientras tanto, entra al edificio y sube hasta el piso de Tsugumi, pensando en lo que iba a hablar con Daigo. ¿Cómo lograría que ese tema surgiera naturalmente en una conversación sin forzar las palabras? Pero la invitación al piso sería asociada seguramente por el vocalista con... Sexo. Ella le había pedido ir al departamento de Shibuya el jueves por la noche, y con el incidente de las cenizas logró desviar su atención. ¿Esta vez tendría tanta suerte? 
Poco tardó Daigo en llegar al piso, apenas unos minutos habían pasado y él ya estaba allí, subiendo en el elevador. ¿Cómo logró llegar tan rápido? Aunque, conociéndolo, seguramente se desmaquilló, se cambió de ropas y abandonó el Tokyo Dome, dejando a los demás hacer todo el trabajo. De alguna forma, ella le dio la excusa perfecta. Selenia corrió hasta su celular para saber exactamente qué es lo que escribió Andrés cuando escuchó que golpeaban la puerta…
Selenia: (abre y deja pasar a Daigo) Qué rápido llegaste. ¿Querés tomar algo?
Daigo: (extrañado) Deberías estar saltando de un lado al otro, emocionada, y felicitándome por mi impresionante actuación…
Selenia: (irónica) Estás hablando conmigo, no con una princesa de Disney. Me encantó el concierto, las tres noches, pero no seré una loca que te atosigue. (Le acerca un vaso de agua)
Daigo: (lo agarra, pero no bebe) Pensé que me servirías algo de verdad… como sake. (reflexiona) Aunque el alcohol podría quitarme energía… (lúcido) Ah, ya entendí.
Selenia: No entendiste nada de nada. Lo mejor para calmar la sed es el agua.
Daigo: (bebe un poco) Hablemos con sinceridad… Vos no me pediste que venga para que hablemos, ¿verdad?
Selenia: (recordando una de las afortunadas frases de su hermano, “con sexo conseguís lo que sea de un hombre”, arruga la nariz y extiende una mano para pellizcar uno de las mejillas del vocalista) Todo a su tiempo, no te apures (hace un rodeo para sentarse en la orilla de la cama, y le ofrece hacer lo mismo). Creo que vi a Saori–san en la multitud. ¿Hablaste con ella después del viernes?
Daigo: (se sienta a su lado) No, y no lo haré. ¿Cómo podes preguntarme por ella después de las cosas horribles que dijo de vos?
Selenia: (intentando llevar la conversación hacia a donde ella quiere) Pensé que tal vez te interesaría enterarte de como ella descubrió que (hace una pausa) Anna está viva.
Daigo: (le rodea los hombros con un brazo) A la mierda Anna, a la mierda todos. No me interesa hablar de la mujer que me engaño durante dos años con…
Selenia: (se aparte un poco. Por fin llegó a donde ella quería) ¿Te engañó? ¿Acaso… vos crees que ella fingió su propia muerte?
Daigo: (sorprendido) Naturalmente… Pero no hablemos de e…
Selenia: ¿Cómo alguien puede fingir su propia muerte mientras lucha por vivir en una terapia intensiva? (ante la impresión cada vez más aguda de Daigo) Yo leí los informes del accidente. Decía muy claro que el copiloto estaba mucho más grave que vos, y luego solo se dedicaban a tu estado.
Daigo: (incrédulo) ¿Entonces quien fingió la muerte? ¿Los Obatta? ¿Por qué lo harían?
Selenia: Buena pregunta… Lo único que se me ocurre es… que tenían miedo de que ella vaya a la cárcel por intento de homicidio. No creo que los Naito se quedaran tranquilos después de que casi morís.
Daigo: Eso parece tener algo de sentido… Pero no sé… (se agarra de la cabeza) No quiero pensar en todo eso.
Selenia: Tal vez… (Con un peso en el corazón. Aunque había llegado hasta donde quería, no le resultaba muy agradable lo que estaba a punto de proponer. Para ella, significaba el fin de esa relación) deberías hablar con ella y escuchar su verdad.
Daigo: (extrañado) ¿Qué estás diciendo?
Selenia: No me agrada la idea de que ustedes se reencuentren de una forma pacífica, pero tampoco es bueno dejar esta historia inconclusa.
Daigo: (de pronto, la abraza) No sabía que eras celosa.
Selenia: No estoy celosa, pero admitamos que no es agradable que hables con la ex con la cual querías tener la casa, el perro, el gato, el hijo… La vida entera.
Daigo: Si, por ese lado es comprensible. (Aun rodeando a Selenia con los brazos, se abalanza hacia la suave superficie del colchón).
Selenia: (alarmada) Hey, ¿qué haces?
Daigo: No tenés de qué preocuparte respecto a eso. Anna está viva, pero todo lo que nos unía murió en ese accidente. (La besa) Ella es parte del pasado. Mejor concentrémonos en el presente al que le queda poco tiempo de estadía.
Selenia: (sonríe, intentando calmar sus nervios) ¿Y el presente puede levantarse un momento porque necesita cambiarse para dormir?
Daigo: (extrañado) ¿Dormir? ¿De qué estás hablando?
Selenia: (consigue que él se aparte y comienza a caminar hasta el baño, tomando previamente ropa bajo la almohada) Es una forma de decir. Ponete cómodo que ya vuelvo.
Finalmente, después de aquella frase tan esperanzadora, Selenia ingresa al baño, preguntándose porqué dijo eso… Si ella no estaba dispuesta a acostarse con él todavía… Aunque en Japón las relaciones amorosas se desarrollaban de una forma muy diferente, la intimidad ocurría a lo largo de las primeras semanas… Y convengamos que ella no estaba en edad ni condición de hacer tantos aspavientos. Más aun sabiendo que Daigo era capaz de despertar su bestia interior (si, en ese sentido pervertido que sus pervertidas mentes están pensando). Sin embargo todo lo anterior no le parecía escusa suficiente como para consentir lo que a ella le parecía demasiado prematuro. “Mejor me cambio, salgo y a ver qué pasa”, decidió y comenzó a vestirse con el pijama. Al cabo de unos diez minutos, regresó al cuarto y se acercó a la cama, extrañándose por la tranquilidad… y notó que el vocalista se quedó dormido. Seguramente los conciertos del fin de semana lo habían dejado agotado. Selenia lo cubrió con las sabanas y se acostó a su lado, quedando dormida poco tiempo después. Ni las preocupaciones de esos días podían vencer al sueño.
Cerca del mediodía, una voz extraña y cercana arrancó al vocalista de su merecido descanso. Poco a poco abrió los ojos, pensando que Selenia intentaba despertarlo, pero… encontró a… ¿un toro de peluche parlante? “Despierta, holgazán” repetía varias veces, con la voz de la morocha protagonista. ¿Y ella en donde estaba? Daigo comenzó a levantarse, buscando a la extranjera desaparecida con la vista antes de empezar a llamarla.
Selenia: (apareciendo desde la cocina) Ohayoo gozaimasu. Veo que ese pequeño fue muy efectivo (se acerca un poco) Es lindo, ¿no?
Daigo: Ohayoo... ¿Por qué un toro?
Selenia: Porque vos me regalaste una vaquita. Este forma la pareja.
Daigo: (cubriendo con la mano un profundo bostezo) Eso te queda tan extraño. (Se levanta) Voy al baño.
Selenia escucha el timbre de la suihanki [1] y acude de inmediato a la cocina, pues ese pequeño sonido que indicaba que ya podía comenzar a servir el almuerzo. Pero antes decidió comunicarse con Andrés para avisarle que Daigo probablemente hablaría con Anna
Andrés: No tiene que ser probable, tiene que ser seguro.
Selenia: Yo hago lo que está a mi alcance, no puedo lavarle el cerebro.
Andrés: No le laves el cerebro, pero hace reflexione. No es muy difícil seguir hincándole la duda.
Selenia: (escucha el sonido de la puerta) Tengo que colgar. Hablaremos después.
Andrés: (antes de que ella cuelgue) Gambaro. 
El muchacho deja el teléfono a un lado, con la vista puesta en la pantalla de la notebook que le habían conseguido, pues, poco antes de que lo llamara su hermana, mantuvo una conversación con Agatha, quien aún desde la distancia lo ayudaba en su incipiente y ciertamente inexperta investigación. “Tus suposiciones van por muy buen camino” le había dicho ella apenas empezó la videollamada, “pero, lamentablemente, hasta aquí llega todo lo que puedo hacer por vos”.
Andrés: (algo consternado, observaba minuciosamente el estudio que Agatha le había mostrado)  Pero me parece irreal… Es demasiada coincidencia como para que se trate de dos personas diferentes… y aun así nos es un porcentaje de cien…
Agatha: Una de las notas, como ya ves, quedó descartada porque solo llegó a treinta. Es indudable que estas dos o tres personas estudiaron shodo en la misma escuela.
Andrés: ¿Por qué decís lo de dos, si está claro que son tres? Tengo que volver a empezar...
Agatha: Yo te dije que tus suposiciones van por buen camino porque... existe una posibilidad. Escúchame: Hablando con mi compinche del trabajo, me recordó uno de los primeros casos en lo que trabaje... El criminal tenía una patología que le hacía comportarse como si fuese otro. ¿Es posible que dos personas vivan en el mismo cuerpo?
Agatha: Si, porque no son personas, sino personalidades. Se llama disociación o algo parecido. Tuvimos que consultar a un psiquiatra para poder entender lo que pasaba.
Andrés: (pensando) ¿No será… trastorno disociativo? Mejor lo consulto en el buscador antes de encontrar un especialista.
Agatha: Me parece bien. Puedes preguntarle a… Diego por un psiquiatra. Como es médico, debería poder recomendarte uno. (Cubre un bostezo con la mano) Recuerda avisarme como avanza el asunto. Ya me voy a invernar, aquí ya es de madrugada. Good night.
Andrés: Que descanses, lo tenés bien merecido. Y gracias por todo, Agatha.
Después de terminar esta conversación virtual, fue llamado por su hermana, pero no olvidó lo que tenía que hacer.
“El trastorno de identidad disociativo es un diagnóstico controvertido descrito en el DSM IV como la existencia de dos o más identidades o personalidades en un individuo, cada una con su propio patrón de percibir y actuar con el ambiente. Al menos dos de estas personalidades deben tomar control del comportamiento del individuo de forma rutinaria, y están asociadas también con un grado de pérdida de memoria más allá de la falta de memoria normal. A está perdida de memoria se le conoce con frecuencia como tiempo perdido o amnésico. Para ser diagnosticado, los síntomas deben ocurrir independientemente del abuso de substancias o una condición médica general (inducción).”
Así que identidad disociada, también conocido como síndrome de personalidad múltiple, era la causa de semejante coincidencia. No era nada tirado de los pelos si lo pensaba detenidamente, ya que dos personas podían tener letras diferentes… pero dos identidades que compartían el mismo cuerpo… con las mismas capacidades motrices… Y ese veinte por ciento que no coincidía seguramente se debía a la diferencia de personalidades. Aunque todavía le faltaba comprobarlo, consultando con el psiquiatra. Para ellos, después de cambiarse, tomar el ascensor hacia la planta baja y pedir un taxi que tardo menos de cinco minutos, se dirigió hacia el departamento de Roppongi donde vivían Diego, Hernán y Jonatham. Este último justamente no se encontraba en casa. Los otros dos se mostraron un poco sorprendidos con semejante e inesperada visita, pero Andrés les ofreció una buena explicación... buena y muy sincera. Pues verán, resultó que los más cercanos a Yuki/Anna sabían una gran parte de la verdad, en especial por la acosadora que el hermano de nuestra protagonista quería encontrar.  
Diego: (reflexionando) Entonces… querés encontrar a un psiquiatra para que te explique de qué se trata el trastorno.
Andrés: Necesito saber si existe la posibilidad de que estemos ante un caso de personalidad múltiple.
Diego: Pero… ¿Vos sabés lo que implica esa enfermedad? ¿Vas a investigar la biografía de tu sospechosa buscando un hecho traumático o algún tipo de impulsos reprimidos?
Hernán: No es que yo quiera cambiar el tema, pero a mí en este asunto hay algo que me parece más raro… El costo del tratamiento, rehabilitación, el viaje a Corea y todas las cirugías… ¿De dónde salió el dinero para pagar todo eso? Se lo pregunté a Yuki, pero ella no tiene ni la menor idea.
Andrés: (atento) Es cierto, Hernán. Los Obatta no pudieron cubrir los gastos de la internación y tratamiento de Anna. Alguien con más dinero y poder tuvo que hacerlo. Y solo se me ocurre una persona.
Hernán: Lamento ser un adelantado, pero yo ya lo revisé. Tengo un compinche en el banco donde Key Obatta tiene su cuenta y… Todas las transferencias fueron realizadas desde una cuenta a nombre… de Daigo Naito.
Andrés: Esto solo confirma mis sospechas… El silencio de los Obatta fue comprado.
Diego: Eso es muy tirado de los pelos. Lo que más les interesaría a los Naito es que ella vaya a la cárcel por el intento de homicidio.
Andrés: ¿Que otra prueba se necesita? Es obvio que Daigo Naito no lo sabía, él no pudo destinar el dinero… Creo que tenemos que consultar con el psiquiatra… y dejemos que Selenia hable con Ryoko Naito.
Hernán: Eso me parece un poco peligroso para ella.
Diego: Es cierto. Si esa familia fue capaz de tanto, debe ser muy peligrosa.
Andrés: Selenia tiene a la suegra en el bolsillo. Esa mujer la adora, en una reunión familiar la proclamó su nuera. No va a sucederle nada malo. (Saca el celular para llamar a su hermana) De hecho, me voy a comunicar con ella ahora mismo. (Comienza la llamada y habla una vez que nuestra protagonista contesta) Selenia, hermanita, tengo algo que pedirte.
Selenia: ¡Andrés! A vos te encanta tenerme contra las cuerdas, che… ¿Qué querés ahora?
Andrés: Necesito que hables con tu Okaasan para que te cuente porqué pagó la internación de Anna.
Selenia: (atorada) ¿Qué decís? ¿Qué Ryoko-sama pagó la internación de Anna? Pero si ella ni sabe que Anna está viva.
Andrés: Eso es lo que vos crees. Pero me acaba de llegar información de una excelente fuente que revela traslados de dinero a la cuenta de Obatta por parte de otra a nombre de Daigo. Pero nosotros sabemos que él no pudo saber sobre eso.
Selenia: ¿Qué estás diciendo? ¡Eso es terrible! ¿Cómo se puede…? (hay una pausa) Yo no puedo hablar con esa mujer… no ahora.
Andrés: Traquilizate… Intentá entenderla. Anna casi mata a su hijo… Y sobrevivió al accidente… A cambio de no meterla a la cárcel les habrá pedido a los Obatta que la separen de Daigo.
Selenia: No me jodas… ¿Qué es ese montón de mierda? ¿Y por qué pago el tratamiento, entonces? Si con no mandarla a la cárcel era suficiente.
Andrés: Eso es lo raro… Lo que tenés que averiguar.
Selenia: Ay, no… (otra pausa) ¿Cómo voy a hacer para no cagarla diciéndole de todo menos que es una señora?
Andrés: Vos sos simpática, ¿no? Demostralo, hermanita. Y avísame que averiguas.
Selenia: Soy simpática, pero no careta… (escucha el tono de marcado que le indica que su hermano terminó la llamada) Andrés… ¡Andrés! (mira el celular con bronca) ¡Mierda! (guarda el teléfono en su bolsillo y se agarra de la cabeza. Piensa) “¿Qué voy a hacer?  Será mejor que le hable a Daigo-sama con la verdad, porque ni siquiera sé cómo contactar a Naito-sama. Decidido… Ahora voy a ZR y le cuento toda la verdad. Pero primero paso por las chicas al edificio.”
Tal como lo había pensado, Selenia parte rumbo al edificio para señoritas donde aún viven sus amigas. Mientras marcha, continúa pensando en la resolución que tomó antes, exactamente en cómo encarar el tema con el vocalista. Después de tantas mentiras y tretas, la confesión que estaba planeando no resultaría nada fácil… ahora. Tenía que focalizar en eso. Ahora era difícil, pero luego, una vez que ese secreto tan pesado fuese revelado, todo cambiaría… Oh, ¿a quién trataba de engañar? Daigo sufriría una vez más. Cuando perdió a Anna, al pasar dos años extrañándola, lamentando que en un segundo su futura familia se vaya al diablo, cuando descubrió la verdadera naturaleza de las cenizas, cuando vio que ella estaba viva… y ahora otra vez, al enterarse de que la persona en la que había confiado casi ciegamente lo había engañado… Además, con la verdad por delante, no existiría posibilidad alguna de que el vocalista perdone a su ex… “una mentira que te haga feliz vale más que una verdad que te amargue la vida”, esa frase de Arjona que le parecía tan cínica ahora se tornaba sabia y muy real, en carne propia. 
Selenia: (entrando al edificio) Hola muchachas. ¿Listas para ir?
Megg: Si, solo falta que Charly termine de arreglarse. Viste que después de lo que pasó en la fiesta, Akihide se re borró y ni le escribe un texto, así que nuestra amiga se armó de valor para ir a la productora y hablar con él.
Selenia: La verdad que quién entiende a Aki-san. Primero defiende a Charlotte y le pega a Chein [cree que el apellido de Calvin es así y no Chen], luego se desaparece.
Megg: Te juro, ¿quién lo entiende? Que mal que Charly no tuvo mi suerte. Se consiguió uno más bipolar que ella.
Selenia: Charlotte no es bipolar. La bipolaridad es una enfermedad jodida. Si tomar una decisión y luego cambiar de idea es ser bipolar, bipolares somos todos.
Megg: (asustada) Charly está detrás de mí, ¿verdad?
Selenia: No, pero ya salió de la pieza. Y yo solo estaba diciendo lo que pienso.
Charlotte: (se acerca a sus amigas, notando la risita nerviosa de Megg y la mirada con los ojos entrecerrados que Selenia dirigió a la rubia) ¿Qué hacen? Siempre tan secretas ustedes.
Selenia: Nada. Megg hizo un comentario con el que no estoy de acuerdo.
Gran habilidad tenía nuestra protagonista para no mentir sin decir la verdad, tanto que la pelirroja se sintió conforme y anunció su disposición para ponerse en marcha de una vez.
Las tres muchachas salieron del edificio despidiéndose de sus amigas. Durante la mayor parte del trayecto, Charlotte se preguntaba una y otra vez si era prudente ir. Akihide no la había buscado, ni intento comunicarse con ella. La incertidumbre era indudablemente poderosa, sentía que la envenenaba con mucha lentitud y mucha persistencia. Pero también temía a ese encuentro... ¿Y si Akihide estaba enojado? ¿Y si, al igual que los demás asistentes, él pensaba que ella provocó a Calvin Chen? ¿Y si creía que era la culpable de todo por su forma de vestir y de actuar? Le daba miedo hablar con el pelilargo guitarrista y encontrar reclamos, desprecio y prejuicios, como si las mentiras sobre su "inexistente" decencia hubiesen viajado con Charlotte. ¿Algún día podría dejar atrás esos fantasmas del pasado?
Cerca de ZR, Megg se separó de ellas para ir a la tienda de  discos y libros (y masitas dulces con café). Tanto Selenia como Charlotte continuaron en el mismo camino. Una de ellas sentía pesados sus pasos, pero no podía retroceder. Las letras de ZR ya eran visibles a sus ojos, y esa imagen alteró sus sensibles nervios.
Charlotte: Selenia... (Titubeando) Creo que mejor me voy. Estoy muy nerviosa y tengo la mente en banco, no sé qué voy a decirle.
Selenia: Charlotte querida, ¿te acordás de esa vez que te enojaste conmigo por una reverenda pavada y no me hablaste durante un mes?
Charlotte: Si, me acuerdo. Vos dijiste algo que yo entendí mal y me enoje mucho, pero después de pensarlo mejor, se me pasó.
Selenia: ¿Y recordás que querías que yo me acerque a hablarte?
Charlotte: Si, pero vos no lo hacías porque te enojó mi actitud.
Selenia: No era para tanto, solo me molesté. Pero volvamos al punto... Yo no sabía qué te pasaba porque vos no decías nada, y la incertidumbre me molestó. Ese es el punto.
Charlotte: (entusiasmada) Ah, ya entendí. Seguramente Akihide espera que yo le hable.
Selenia: No, el punto es que estás recibiendo una cucharada de tu propia medicina. Y me alegro.
Charlotte: (desorientada) ¿Que te alegras?
Selenia: Así es, me alegra que alguien te haga lo mismo que vos les haces a los demás. Tal vez te das cuenta de esta forma de que no está bueno de repente ignorar adrede a otra persona para evitar una confrontación. No sé si le tenés más miedo al conflicto o a darte cuenta de que estás equivocada.
Charlotte: ¿Debería, entonces, ser como vos, que siempre buscas pelea?
Selenia: Yo me defiendo, cosa que es diferente. Yo no dejo que pongan palabras en mis frases que no dije, que me censuren o me silencien con la indiferencia. ¿Nunca te arrepentiste de perder tanto el tiempo pensando lo que no era en lugar de preguntar y averiguar? Este es el momento.
Charlotte: (temerosa) Pero… ¿Y si me desprecia? Si lo hace, yo no podría soportarlo.
Selenia: Vos sos más fuerte que eso, Charlotte. Además, mi hombro siempre estará aquí y contás con él. Andando (abre la puerta frontal del edificio de BG y entra, tirando del brazo de su pelirroja amiga).
Después de esas palabras tan extrañamente alentadoras, pues Selenia tenía esa forma tan desafiante de dar ánimos, ni es de las que dicen “lo hiciste bien” sino “puedes hacerlo mejor”, Charlotte se sintió confortada. “Vos sos más fuerte que eso” le había dicho su amiga, y la pelirroja creyó en esas palabras. Yo soy fuerte, se repetía, fuerte, fuerte. Y, armada con este renovado valor, su acercó a la recepción para preguntar a Ichiyo si Akihide estaba en ZR. Hablaría con él, fuese cual fuese el resultado, ya lo había decidido.
Charlotte: Konnichiwa. ¿Está Akihide aquí? Necesito hablar con él.
Ichiyo: konnichiwa. Aki-san se reportó enfermo y no vino. (confidencialmente) Pero Daigo-sama dejo que no es cierto. (le entrega algo) Y te dejó esto.
Charlotte: (toma el objeto: un llavero con dos llaves) ¿Me lo dejó Daigo-san? ¿Y qué es?
Ichiyo: Son las llaves del departamento de Shibuya. Dijo que seguramente Akihide no te abriría la puerta y que las dejes allí antes.
Charlotte: (demasiado extrañada como para poder disimularlo) ¿Daigo me está dando las llaves de su casa para que vaya a hablar con Akihide?
Ichiyo: Si, bajá la voz. Y andá de una vez, antes de que se arrepienta.
Charlotte sale prácticamente corriendo de la productora a encontrar al guitarrista. El entusiasmo se apodera tan rápido de sus ánimos antes decaídos que estaba totalmente desconectada de los pensamientos negativos que habían nublado su mente. Ella es una mujer fuerte y con una gran posibilidad de confrontar a Akihide, sea como sea, así que no tenía nada que temer. Recordaba que, cuando más dudas tenía debido a la aparición de Ximena, él apareció a su lado casi por arte de magia para desaparecer su desconfianza. Ahora esa su turno.
Mientras pensaba en todo esto, ya había llegado al edificio de Shibuya y abrió la puerta frontal fácilmente. Tomo el primer elevador desocupado, y durante el ascenso continúa pensando en qué diría al guitarrista, pero solo una frase resonaba dentro de su cabeza… Y la diría sin importar lo que pase, aunque tuviese que interrumpirlo. Ya estaba frente a la entrada del departamento, sosteniendo la llave, introduciéndola en la cerradura, aguantando las palabras que querían saltar desde su garganta. Solo tenía que contenerlas un poco más, solo un poco.
Abrió la puerta… el departamento parecía vacío. Todo estaba ordenado y limpio, como siempre lo había visto. Avanzó con precaución hacia las habitaciones y entró a la más cercana, definitivamente nunca la había visto, pero algo le llamó la atención… había un maniquí con un saco… un gran espejo y la cama estaba totalmente desarreglada. De seguro era la habitación de Daigo Naito.
Voz tras ella: ¿Qué hacés aquí?
Charlotte: (voltea rápidamente, encontrándose cara a cara con el guitarrista) Akihide… Vina para hablar con vos, y no voy a irme sin que me escuches.
Akihide: (prácticamente indiferente) A Daigo no le gusta que entren a su habitación. Además está hacha un desastre (le indica que salga). Podemos hablar en la sala, aquí no.
Charlotte: (un vez que salen del cuarto de Daigo) ¿Por qué no fuiste hoy a la productora?
Akihide: No quiero ver a Calvin Chen, así que espero hasta el miércoles, cuando se vayan las bandas extranjeras.
Charlotte: Akihide… (se sienta a su lado –sí, él ya se había sentado) ¿Te sentís avergonzado por lo que pasó?  Si es así no hay motivos. Cualquiera lugar en tu lugar hubiese hecho lo mismo.
Akihide: Estoy seguro de que sí, pero eso no me avergüenza… De hecho, no quiero verlo porque soy capaz de matar a ese desgraciado.
Charlotte: Ah… Ya veo… ¿Por qué… no te comunicaste conmigo en estos días? Estaba preocupada y por eso vine.
Akihide: Estoy pensando en todo esto… Una vez que los extranjeros se fueran iba a hablar con vos, pero veo que me ahorraste el viaje.
Charlotte: (desconcertada) Bueno, dejame hablar a mí primero. Después te tocará el turno a vos.
Escuchar!!! (No comienza automáticamente y espero que les cargue rápido)
Akihide: Yo... Sé lo que vas a decirme. Está escrito en tu cara y se lee claramente. Por eso necesito que estemos así, sentados uno al lado del otro sin mirarnos. Si te veo a los ojos puede que me arrepienta, pero si no lo hago ahora será peor para nosotros después...
Charlotte: Pero... (ya presiente lo que viene a continuación) Mirame a los ojos si vas a decirme eso.
Akihide: Honto... honto... (sus ojos se mueven involuntariamente hacia los de ella) Aishiteru.
Aunque ya sabía lo que esa confesión tan directa venía acompañada de una decisión negativa a sus deseos, de palabras que realmente no querías escuchar, Charlotte, en un intento desesperado, abrazó a Akihide. Ya sentía el peso en el corazón y las lágrimas brotando de sus ojos, pero no lo dejaría ir. Tal vez podía convencerlo, los sentimientos que compartían eran más valiosos que todo lo demás.
Charlotte: (aferrándose a él) Yo también, yo también... Akihide, si en verdad me amás no me hagas esto. Nosotros...
Akihide: (aparta los brazos de Charlotte con mucha suavidad) Yo no puedo aceptarte como sos, no tengo esa virtud. No puedo seguir obligándome a pensar que algo como el beso de Calvin Chen no es tu culpa.
Charlotte: ¿Vos pensás que es mi culpa? ¿Pensás que yo lo provoqué? ¿Qué también provoque a mi ex jefe? ¿Pensás que no tengo decencia?
Akihide: No creo que hayas provocado a tu ex jefe o que no tengas decencia. Solo... pienso que tus formas de vestir y de actuar son intencionadas, que te gusta atraer la atención de los hombres. Creo que te agrada sentir que te desean, y jugas al límite con eso. Pero todo lo que uno hace tiene consecuencias. Y lo que pasó en la fiesta de Shinpei es una de ellas.
Charlotte: Nos podés estar diciéndome eso… (alterada) La ropa es tela, solo tela. Vos usas, todos la usan. ¿Cuál es el problema con la mía? ¿Cuál es el problema con ser simpática y abierta a conocer gente?
Akihide: Eso y esto no son iguales. Yo… me daba cuenta de que hacías ciertas cosas para que te prestara más atención, y no me parecía mal… porque entendía ese coqueteo, pero… no creo que te gusten todos los hombres. Creo que lo mejor es que ya no nos veamos. Olvidemos lo que pasó y sigamos con nuestras vidas.
Charlotte: (Rápidamente agarra un pañuelo descartable que guardaba en su bolsillo y con éste seca sus lágrimas) Tenés razón… Lo que estás haciendo es echarme la culpa de tus inseguridades, porque ves cosas que no suceden. Y yo no puedo esperar nada de alguien así.
Sin esperar respuesta alguna, la pelirroja se pone de pie, decidida a salir de allí inmediatamente. Aunque fuese doloroso y duro, ella no podía entablar ningún tipo de relación con alguien que la juzgaba de esa forma. Al fin y al cabo, Akihide era igual a los demás hombres. Aparentemente hasta en el otro lado del mundo, las mentiras sobre ella eran implacables. Una decepción más volvía a agitar su pecho, a presiona su emociones desbocadas que le quitaban el aire… que le nublaban la vista… que… hacían temblar el suelo y… Oh, no, estaba teniendo uno de esos ataques… Lo último que recordó es haberse llevado una mano hacia la cabeza antes de perder el sentido…

Una voz comenzó a brotar desde las penumbras, una voz suave y ciertamente delicada. La oscuridad desaparecía poco a poco, dando lugar a la luz tenue, las figuras difusas que se volvían cada vez más claras. Había alguien frente a ella, pero aún no veía muy bien… se le revelaba un rostro femenino… ¿Una mujer? (sé que la pregunta parece estar de más, pero… ya saben cómo es el asunto en Asia, jep)
Voz: Agassi [2]… ¿Estás bien?
¿Agassi? ¿Qué era eso? Japonés no… sería acaso… ¿Hangul? [3]

Continuará.



Aclaraciones: 
1 Suihanki: maquina para hacer arroz.
2 Agassi (agachi) Señorita en coreano.
3 Hangul es el nombre de Corea del sur en coreano. También se usa para nombrar al idioma.