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lunes, 18 de agosto de 2014

Capítulo final: Arigatoo, Beautiful day! Parte 1

Anteriormente: Luego de saber que Selenia iba a renunciar a ZR, y mediante un elaborado plan, Daigo logra engañar a la morocha protagonista para que finalmente hablen y puedan aclarar porqué ella mintió para encubrir a Anna. 
Aun así, Selenia no puede regresar a la productora, en donde se oponen al contrato de Tsugumi, pero al final ceder por insistencia de Obatta. 
Ryoko regresa a Tokyo para revelar a su hijo la identidad de la acosadora, Yumi Nakamura, y por ello él intenta prevenir a Selenia... pero es demasiado tarde. Yumi despertó precisamente cuando estaba a solas con la morocha, y comenzó a descargar violentamente su furia contra ella.
Capítulo final: Arigatoo, beautiful day
Abruptamente, como si despertara de un coma profundo, respiró con mucha fuerza, a voluntad, y abrió los ojos con mucha lentitud. Reconocía el olor a cuarto de hospital incluso desde la inconsciencia. Pero la rigidez en el cuello... No, eso tampoco era nuevo, al igual que el dolor en las costillas y la mano derecha. Observó el cuarto a su alrededor... había un hombre allí, cerca de ella... tal como la primera vez en que despertó en un hospital. Intentó llamarlo, y sintió que tenía la boca muy seca.
- O... Ojisan.
Obatta: (presta atención de repente y se acerca) Anna... finalmente despertaste.
Anna: (a media voz) ¿Que paso, ojisan?
Obatta: Tu... tuviste un pleito con Serenia.
Anna: No, yo quiero mucho a Se-chan, sería incapaz de hacerle daño.
Obatta: ¿No recuerdas lo que pasó?
Anna: De que hablas, ojisan? Yo estaba preparando el traslado de todo lo que había en el departamento de shibuya con ella... y... (Intenta recordar) No sé qué paso... ¿Se-chan donde esta?
Obatta: Ella... esta mucho peor que vos...
Mientras Obatta, con sus más gentiles palabras, intentaba explicar a su sobrina lo que había sucedido, tal como dijo su ex jefe, Selenia estaba mucho pero mucho peor. Si bien no estaba hospitalizada, permanecía recluida en una celda temporalmente, en una comisaria de la zona. Debido a que Anna estaba muy herida, y ella prácticamente sin un rasguño, la policía desestimo que la morocha se estuviese defendiendo. Esperaban a que la supuesta víctima estuviese en condiciones de dar su testimonio, pero no tenían intenciones de dejar que nuestra protagonista en libertad.
En tanto Daigo, quien tuvo que ver como se llevaban esposada a Selenia durante la revisión médica, había realizado incontables llamadas desde la misma comisaría, intentando que algunos de sus contactos pudiese sacar de allí a la morocha protagonista. Afortunadamente no estaba solo, pues Shinpei, Akihide, Megg y Charlotte también estaban averiguando que podían hacer. Si Anna despertaba en esa personalidad no recordaría el pleito en el departamento de Shibuya, y eso implicaba que Selenia no se vería libre de esa celda.
Oficial: (ciertamente cansado) Ya nos comunicaron el estado de Anna Obatta en el hospital. Traumatismos múltiples en la cabeza y abdomen, tres costillas fracturadas y  una importante lesión en la mano derecha. Le voy a pedir que nos hable con la verdad esta vez. ¿Atacó a Anna Obatta sí o no?
Selenia: Ya le dije todo. Ella me golpeó en la cabeza con un martillo y luego intento golpearme otra vez, pero yo me defendí.
Oficial: La seriedad de las lesiones de Anna Obatta revela otra cosa.
Selenia: Yo soy más fuerte que ella, solo le di un par de golpes para alejarla de mí. Creo que me pase un poco y la impulsé hacia el otro lado de la habitación… y en el trayecto se golpeó contra los muebles.
Oficial: Estamos preparando el polígrafo, así que no podrá ocultar la verdad por más tiempo.
Selenia: Espléndido. Traigan el polígrafo para que se den cuenta de que yo no estoy mintiendo.
Oficial 2: (entra a la sala y hace una reverencia hacia su superior) Señor, no hace falta traer el polígrafo. El cuchillo y el martillo encontrados en la escena presentan huellas digitales de una sola persona y no coinciden con las de Gonsaresu–san. Además, encontramos rastros de sangre en los muebles del departamento, esto coincide con su declaración.
Oficial: De todas formas, eso no cambia mis sospechas. Anna Obatta podría haber usado esos instrumentos para defenderse. Trae el polígrafo.
Selenia: (al oficial 2, apremiándolo) Vamos, tráelo así le cierro la boca a este tipo (apunta al oficial con el dedo). Seré extranjera y morocha, pero usted no me va a tratar de delincuente. Traigan ese detector de mentiras.
El oficia más joven (el segundo) salió apresuradamente en busca del tan solicitado aparato, encontrándose en su camino con la abundante comitiva que esperaba, desde muy temprano, alguna novedad sobre la morocha protagonista. Así que, apenas vieron al muchacho, lo acorralaron con preguntas, y él solo pudo contestar, un poco intimidado “voy por el polígrafo…”.
Daigo: (ofendido, como si lo hubiesen insultado) ¿Para qué necesitan el detector de mentiras?
Oficial 2: Es que… mi superior no cree en nada de lo que dice Gonsaresu–san. Por favor, necesito que me dejen pasar. Mientras más aprisa lleve el polígrafo, más temprano podrá salir su amiga.
Decidieron que el muchacho tenía toda la razón, así que lo dejaron pasar. Seguramente la actitud de aquel superior se debía a que Selenia es extranjera y Anna japonesa, de Okinawa, pero japonesa al fin (Okinawa hasta hace casi 40 años no era parte de Japón). Ninguno de ellos podía extrañarse por sucesos de esa naturaleza, en especial nuestras protagonistas, que ya habían padecido la xenofobía de algunos compañeros de trabajo, de los pandilleros, del cuarteto de chismosas en el baño y del mismo Kishimoto sensee. Ya se habían acostumbrado a esto, aunque al principio tuviesen la ingenua y un poco estúpida idea de que por ser latinas iban a llamar la atención y la admiración de todo mundo, la realidad era muy diferente: encontraron gente a la que no les importaba de que país viniesen y bastantes personas que las juzgaban por eso.
Voz de mujer: (habla atrás de ellos) ¿Por qué fui la última en enterarme de esto?
Daigo: (dándose vuelta, al igual que los demás) Okasan.
Ryoko: Debiste haberme llamado. Tuve que enterarme de esto por unos conocidos.
Daigo: Si venís a reclamarme, podés irte. Aquí necesitamos soluciones, no problemas.
Ryoko: (ignorando a su hijo, se acerca a Charlotte) Pero miren que tenemos aquí... (la mira detenidamente) Totemo suteki desu... [1].
Charlotte: (extrañada, pero halagada también) A... Arigatoo.
Ryoko: (sigue observándola) Y no sos muy delgada. (Su entusiasmo desaparece) Ah, pero tu tez no es nada saludable. Parece incluso que vas a enfermarte de inmediato.
Charlotte: (ofendida) ¿Qué dijo?
Ryoko: Además tienes mal carácter. (Se acerca a Megg) kimi mo suteki desu...[2] Y pareces tener buenos genes... Pero sos casi piel y huesos.
Megg: (sorprendida) ¿Como dice?
Ryoko: (las ignora y se acerca a Daigo) Tu elección fue la correcta. Me gusta más Serenia dentro de la familia.
Daigo: ¿Todavía en plan de buscar a la madre de mis hijos con buena genética? Además, no soporto a esa pelirroja y la rubia es demasiado tonta para mi gusto.
Charlotte y Megg: (al unísono, para ellas) Como si él fuese un primer premio...
Akihide: ¿A que vino hasta aquí, obasan?
Ryoko: A traer la historia psiquiátrica de Anna Obatta. Eso será más que suficiente para hacer que saquen de una vez a Serenia.
Daigo: Hubieses empezado por ahí. En este momento están haciendo la prueba del polígrafo, así que tendrás que esperar como nosotros...
Ryoko: no me conocen por tener paciencia para esperar. (Da media vuelta para ingresar a la sala de interrogatorios.)
Apenas ella se pone en marcha, ingresan a la comisaria cuatro jóvenes, de unos veintiún años, con vestimentas bastante finas. Una de ellas era más alta, tenía largo cabello lacio impecable, piel sumamente blanca y una cara privilegiada. Otra era mas baja solo por unos centímetros, con cabello negro y aspecto un poco mas rudo, la única del grupo que llevaba puestos unos shorts deportivos, pues las demás preferían usar faldas coloridas. Las dos chicas que me falta mencionar tenían casi la misma estatura, una de ellas destacaba por sus enormes ojos y cabello casi rubio, mientras que la última que voy a mencionar  tal vez no era una la mas guapa, ni alta siquiera (de hecho, se veía bastante pequeña), pero algo en su rostro destacaba mas que en el de las otras, algo así como un encanto especial. Estas muchachas se quedaron paradas cerca de la entrada, preguntándose discretamente hacía adonde tenían que ir cuando una de ellas divisó a muestras protagonistas, y dijo a la demás "es aquí". 
Megg: (mientras observaba a las muchachas que acababan de entrar, p escucha atentamente) Yo... reconozco esa voz, pero de donde?
Charlotte: (curiosa) ¿Conoces a esas chicas? A mí se me hace que las vi, pero no sé donde.
Tsugumi: (llego con Atsuko y Maya, y se acerca a las  Charlotte y Megg) Ya conseguimos algo de comida. Seguramente cuando Se-chan salga, estará medio muerta de hambre. 
Charlotte: Seguramente... Ustedes saben quienes son esas chicas?
Maya: (mira a aquellas muchachas y luego a sus amigas) Ustedes no las conocen? Son el F4 femenino de nuestra universidad [3]. (las va indicando, empieza por la mas alta) Esa es Sumire Nishida, la chica mas popular y deseada de todo el campus. Es heredera de una importante compañía cuyo lema es conservar lo tradicional. (ahora a la morocha) Esa es Akane Yoshizumi, otra importante heredera, la estrella deportiva de la facultad, se rumorea que el la única que podría vencer a Se-chan.
Megg: Ya quisiera.
Tsugumi: Bien por ella su eso no pasa.
Maya: (apunta a la de ojos grandes) Esa es Tsubaki Sakamoto, y su vida es un completo misterio. Pero tiene las mejores calificaciones y ha estado muchas veces en el cuadro de honor...  Y por último, pero no menos importante. La más bajita... es Nadeshiko Kishimoto... La hija de Kishimoto sensee, delegada de los cursos, representante de la universidad y los centros de estudiantes, siempre velando por la buena reputación del instituto... es la chica que las recibió en el campus el primer día.
Charlotte: No puede ser... ¿Qué hace la hija de Kishimoto aquí?
Tsugumi: Debe venir a ver qué es lo que es lo que pasa... pero no sé cómo se habrá enterado.
Atsuko: (preocupada) ¿E... Esa belleza es Sumire Nishida?
Maya: ¿No la conocías?
Atsuko: No... y ahora entiendo lo que me dijo Sora...
Megg: Es linda, pero tampoco es una belleza, vos también sos linda.
Charlotte: ¿Y esa Sora que te dijo?
Mientras Atsuko les comentaba brevemente, y los muchachos charlaban por su lado, esperando que lleguen noticias sobre Selenia, o que aparezca nuevamente Ryoko Naito, las otras chicas comentaban que harían antes de ponerse en acción.
Nadeshiko: ¿Y ahora adonde tengo que ir? En los doramas veía que hay escritorios apenas uno entra, pero...
Akane: Cambia de opinión, Nadeshiko. Si esa esta presa, debe ser porque anduvo causando problemas.
Sumire: O atacó a un pervertido...
Akane: ¿La estás defendiendo?
Sumire: Seamos sinceras, ella nunca atacó a alguien que no lo merezca.
Akane: Eso no la hace menos peligrosa.
Tsubaki: Akane... Vinimos aquí a apoyar a Nadeshiko, no empieces a hacer berrinche que nuestras compañeras nos están mirando mal.
Akane: ¿Desde cuándo te importa lo que piensen los demás?
Tsubaki: Soy japonesa después de todo.
Nadeshiko: Silencio. Yo vine a cumplir lo que me pidió mi padre y no hay vuelta atras. (En tono curioso) ¿Nuestras compañeras sabrán adonde tengo que ir?
Sumire: No creo que quieran decirnos... nos están mirando feo desde hace un buen rato.
Tsubaki: Lo que puede hacer la envidia.
Akane: Bah, es solo cuestión de acercarse y hablar (va hacia donde están nuestras protagonistas, mientras sus amigas la siguen con la vista)
Nadeshiko: Y a esa quien la entiende... ¿Parece que su problema es solo con Serenia-san...
Akane: (ya frente a las muchachas) Ohayoo. ¿Ustedes saben dónde está su amiga? Venimos a entregar un documento de parte de Kishimoto sensee.
Charlotte: De... Kishimoto sensee?
Akane: Ee [4] ¿Lo saben o no?
Megg: Veras, nosotras recién llegamos.
Tsugumi: Y estamos esperando a que termine el interrogatorio.
Akane: (piensa) "¿Interrogatorio? Lo sabía, es una delincuente" (a ellas) Entiendo... Arigatoo (da media vuelta y regresa con sus amigas)
Megg: (piensa) Ya me acorde de donde me suenan esas voces...
Recuerdo de Megg: (fragmento perteneciente al capítulo 16)
Tsubaki: Yo lo escuche claramente: las tres se encerraron con Kishimoto sensee en su oficina y estuvieron un largo rato. Parece que por fin alguien pondrá las cosas en orden.
Sumire: Es hora de que las saquen de esta universidad para que no ensucien el buen nombre de la institución. Sería lamentable que eso ocurra.
Akane: Basta solo con echar a la gordita. Esa es una buscapleitos de lo peor. Estaría bien que se fuera. Las otras dos no están mal.
Sumire: Serenia es el menor de los problemas. Solo golpeó a unos tipos, nada más. Otra de ellas es quien ensucia esta universidad con su presencia.
Tsubaki: Si. Esa pelirroja descarada. ¿Vieron cómo se viste, cómo actúa o cómo habla? Es una sinvergüenza.
Sumire: Sera lo que quieras, pero al menos ella muestra su descaro, no se esconde. La peor de las tres es Meggara. Con su carita de niña buena y la sonrisita falsa nos hizo creer que de verdad era una chicha decente... Pero si fue capaz de quitarle el novio a Maya...
Akane: ¿De qué estás hablando?
Sumire: Ella fue la que los separó. ¿Acaso no vieron ese video? Busquen en la red Shinpei Inoue pelea con extraño y lo comprobaran con sus propios ojos.
Nadeshiko: ¿Ganan algo diciendo toda esa basura? Sera mejor que se ocupen de sus propios asuntos Recuerden que esas tipas descienden de las indias, un montón de mujerzuelas que rondaban a los españoles, y de los indios, guerreros orgullosos y estúpidos que no comprendían la cultura superior europea. Que ellas sean de esa forma no es su culpa: está en sus genes. ¿Acaso son tan bobas como para esperar que vengan tres monjas de Latinoamérica?
El recuerdo venía claro a su mente, porque nunca pudo olvidar lo que escuchó. Esas cuatro… hablando de ellas de una forma tan espantosa. La peor de todas era Nadeshiko Kishimoto sin duda alguna, una digna hija de su padre, lista para llevarle la nueva información: la reclusión de Selenia, que bien podía costarle la expulsión cuando estaban tan cerca de completar la beca… ¡Tenían que impedirlo!
Megg: (alerta) Esas son las chicas que hablaron mal de nosotras… Ellas querían que nos echen. Tenemos que sacarlas de aquí antes de que lleven el chisme a Kishimoto.
Las demás miran hacia donde están las muchachas, pero la hija de Kishimoto había desaparecido… ¿En dónde se metió? Buscaron con la vista un poco más, notando que justo cuando estaban distraídas, un policía apareció y aquella joven de inmediato solicitó ver a Selenia, así que la estaban acompañando a la celda… ¡No! Charlotte, repentinamente, dio media vuelta para apremiar a Daigo, pues él aguardaba que le permitan encontrarse con la morocha así sea tras las rejas… y tampoco lo encontró. Parece que, sin que lo notaran, el vocalista, ni lento ni perezoso, también se hizo notar por el oficial.  Bueno, quizás el soberbio protagonista lograría salvar a la simpática extranjera de semejante peligro, aunque no sabían si podían respirar tranquilas todavía.
Aquellas chicas, al igual que nuestras amigas, tomaron asiento, mientras aguardaban por más noticias. Charlotte y Megg en un momento comenzaron a reírse, pues comprendieron cuales eran las intenciones de Ryoko Naito al examinarlas tan cuidadosamente. Esa mujer sí que estaba medio chiflada. ¿Favorecía a Selenia porque tenía un aspecto más saludable?
Hernán: (entrando) Ah, por fin pude llegar. (Comienza a buscar a las muchachas, en especial a Atsuko, a quien localiza rápidamente)
Sumire: (lo encuentra aún más rápido y se le prende del brazo) ¡Erunando-san! Qué bueno verte. ¿Venís de un entrenamiento? (Le ofrece un vaso) ¿Querés café?
Hernán: (notando que Atsuko lo mira sospechosamente, intenta zafarse de Sumire) Si, sí, pero soltame. ¿Cuántas veces te dije que no actúes de esa forma?
Sumire: Pero no puedo evitarlo. (Apoya la cabeza sobre el hombro de Hernán, mientras este no sabe cómo apartarla sin hacerle daño) Tal vez algún día si te decidas a salir conmigo.
Hernán: (logra liberar su brazo) Lo siento, pero ya te dije que no. Primero porque no me gustas, y segundo, porque ya tengo novia.
Sumire: (afligida) ¿Entonces es cierto? ¿Y quién es? ¿La conozco?
Hernán: (sorprendido) No voy a decírtelo.
Atsuko: (aparece de repente y se interpone entre los dos) Este es un lugar público, ¿podrían comportarse decentemente?
Sumire: (antes de que Hernán pudiese contestar) Fujiwara, ¿por qué siempre pareces una anciana regañando a los demás? Hasta parece que estas celosa... (Al ver la expresión irreverente en el rostro de nuestra amiga japonesa, se dirige a Hernán, mientras apunta a la otra muchacha con la misma mano que sostenía su vaso de café) ¿Es ella? (Sin mala intención, al exagerar el gesto de la mano, termina volcando parte del contenido encima de Atsuko)
Hernán: (asustado, al ver la expresión de cierta indignación mezclada con dolor en el rostro de Atsuko) Tsuki-chan, ¿estás bien? (A Sumire, severamente) Esto lo hiciste adrede, ¿verdad? ¿Cómo podes ser tan caprichosa?
Surime: (apenada) No fue con mala intención, en verdad lo siento.
Atsuko: (al ver su remera manchada, se lamenta) Era la única cosa bonita que pude comprar, y ahora esta arruinada.
Sumire: (saca rápidamente una prenda del interior de una bolsa de compra que llevaba colgada en un hombro y se la entrega a Atsuko) Gomene...gomene. Toma, ponete esto. Lo compre para ane [5], pero puedo regalarle otra cosa.
Atsuko: (agarra la blusa que le entrega Sumire, pero apenas siente la suave tela -de seguro era muy costosa- intenta devolvérsela) Esto debe ser carísimo, no puedo aceptarlo.
Hernán: Me parece bien que, si ella ensucio tu ropa, te ofrezca algo a cambio.
Sumire: Verdad que soy buena (dirige hacia Hernán una sonrisa interesa, pero al ver que solo consigue que el muchacho se torne serio, vuelve la vista al piso en actitud de puchero) Ok…
Atsuko: (celosa) De todas formas, no la quiero... Vos podés tener al chico que quieras, ¿por qué te gusta Erunando?
Sumire: Porque es guapo, atlético, exótico, agradable y además besa muy bien.
Atsuko: (casi pega un grito, pero se contiene) ¿Qué? ¿Y cómo se supone que sabes eso?
Hernán: O sea, ¿y eso que importa?
Atsuko: A mi si me importa. ¿Besaste a Nishida-san?
Sumire: ¿Ustedes no comenzaron a salir por el White day del año pasado?
Atsuko: (entendiendo lo que Sumire decía, habla a Hernán con severidad) ¿Besaste a las chicas que te regalaron chocolates en San Valentín?
Hernán: (preocupado) Creo que se enojó… ¿Pero por qué? (a Sumire) No debiste decir eso.
Sumire: Yo no me hubiese enojado por eso (le dirige otra vez una sonrisa interesa, pero al ver que solo consigue que el muchacho se torne serio, vuelve la vista al piso en actitud de puchero). Mejor anda a buscarla o se enojará más.
Hernán sale sin esperar ni un solo segundo, y la escena casi entera fue captada por nuestras amigas, quienes de inmediato se acercan a Sumire para pedirle una debida explicación. La joven, pese a que sabe que puede recibir alguna que otra ofensa, les contesta brevemente que por una indiscreción suya, Atsuko se enojó con el muchacho latino, recalcando que ella no tenía intenciones de provocar todo eso. Como resultado, las chicas fueron tras la parejita, solo Tsugumi quedó esperando, pues le parecía que alguien más debía quedarse a recibir a Selenia.
Y ya que les hablé de ella, permítanme mostrarles lo que estaba sucediendo durante la visita de Nadeshiko Kihimoto… y de Daigo, por supuesto. ¿Con que intenciones se acercó hasta la comisaría esta muchacha? ¿Qué es lo que tenía que entregar? Viniendo de parte de Kishimoto, no podemos pensar que se trate de una buena noticia, ¿verdad? Pero que más se podía hacer, si esa chica ya estaba allí, frente a las rejas de la celda, apoyando una mano en los barrotes y aclarándose la garganta antes de hablar.
Nadeshiko: Serenia-san…
Selenia: (emerge lentamente desde la oscuridad de la celda y se acerca un poco a la reja) Delegada… ¿Qué hacés aquí?
Nadeshiko: Vine a… entregar un documento a pedido de mi padre. Él, apenas supo lo que pasó, decidió que sería mejor expulsarte, así que… Yo nunca le pedí nada… pero esta vez tuve que suplicarle, que rogarle que no lo haga. Le recordé lo que ocurrió el mes pasado… Y se reconoció por fin incapaz de hacer eso.
Selenia: (impresionada) Kishimoto no va a expulsarme?
Nadeshiko: No… Es más, traigo una autorización para que te liberen de inmediato.
Selenia: A mí van a sacarme de aquí tarde o temprano, no tenías que venir hasta aquí y rogarle tanto a Kishimoto…
Nadeshiko: Si tenía que hacerlo. Necesitaba hacer algo por vos, porque… en verdad no sé qué hubiese sido de mí si no llegabas aquella noche. 
Flashback (si, les joderé con esto hasta el final)
Selenia: (conmovida por el agradecimiento de Nadeshiko) Caray... Doomo arigatoo. Te tomaste tantas molestias por mí que no sé qué decir...
Daigo: (aparece, ya que estuvo hablando con uno de los oficiales un momento) Se-chan, tengo buenas noticias. Pronto vendrán a sacarte de aquí. 
Selenia: Ah, por fin. Cuando salga de aquí, dormiré hasta mañana, porque esta celda no fue nada cómoda.
Daigo: Justamente estábamos planeando un festejo por tu liberación, con buena comida y todo, pero...
Selenia: Comida. Pesándolo bien, no tengo tanto sueño. 
Nadeshiko: (mira atentamente a Daigo) ¿Es... Daigo Naito-sama?
Daigo: Si, ¿qué con eso?
Selenia: Sos famoso y estás en una comisaría visitando a una persona recluida. ¿Tengo que explicarte por qué la situación es curiosa?
Daigo: Un solo día en la vida podés dejar tu sarcasmo de lado. Deberías estar contenta de que vengo a verte.
Selenia: (exagerando aún más el tono sarcástico) Dormí en una celda fría, sobre una cosa dura y plana, con comida más fría aún, pero cómo pude olvidarme de saltar en una pata al ver que habías venido... ¿Qué desconsiderada soy, verdad?
Nadeshiko: (al notar ese nivel de confianza) Ustedes... ¿Tienen una relación?
Daigo: Si. Selenia: No... (los pongo en la misma línea para que se entienda que contestan al unísono)
Daigo: No seas mentirosa...
Selenia: Vos no seas chismoso.
A los pocos segundos llega uno de los oficiales y abre la celda para que Selenia pueda salir por fin. Acto seguido le regresan sus pertenencias en perfecto estado. Mientras se acerca a la entrada, nota decepcionada que solo Tsugumi estaba allí esperando. Sabía por Daigo que Akihide y Shinpei fueron al departamento para preparar el festejo de liberación (pónganle), pero... ¿En dónde estaban Charlotte y Megg, al igual que Maya y Atsuko? La alta joven japonesa  tuvo que contarle rápidamente sobre el pleito de la parejita y comenzó a llamar a las muchachas para que regresen, así podían ir todo juntos. Por suerte, apenas supieron esa buena noticia, regresaron de inmediato para unirse al festejo. La morocha protagonista ya se sentía un poco extraña al recibir tanto abrazo eufórico, hasta parecía que fue retenida un mes y no solo mediodía. "Deberían detenerme más seguido" bromeó luego "seguiré metiéndome en problemas".
Mientras en esa reunión todo parecía ser alegría, en el hospital se vivía una situación muy diferente. Kei Obatta, pese a que en numerosas ocasiones no era muy suave con las palabras, se armó de toda la paciencia que tenía disponible para contar a su sobrina, desde el principio, la verdad sobre su enfermedad, sobre Yumi Nakamura y sobre todos los misterios de sus reiteradas lagunas mentales, sus sueños extraños y sus dolores de cabeza. Había un parte de su recuperación luego del accidente que ella no podía recordar, en ese periodo estuvo bajo tratamiento psiquiátrico. Obtuvo el alta cuando pudieron controlar a Yumi, pero como Anna no entendía bien el tratamiento y dejó de tomar las pastillas sin que alguien la supervisara, la otra personalidad emergió con más furia que antes, encontrándose con una rival que no le temía.
Obatta: (finalizando su relato) Creo que será mejor volver a internarte, pero no podemos obligarte. Vos tenés que decidirlo.
Anna: (entre copiosas lágrimas y sollozos) Sabes, hace algunos años, Suzume-san me había insinuado que por mi culpa se alejaba de Daigo-sama... Y yo no entendía porqué lo dijo, pero tenía razón. Yo llegue a atentar contra mi propia vida, y en varias ocasiones contra la de Se-chan... Soy un monstruo...
Obatta: No es así, Anna...
Anna: Yumi... Yo soy Yumi Nakamura y si soy un monstruo. Anna es algo que ustedes inventaron para encerrar a este monstruo.
Obatta: Sera mejor que te calmes (intenta apoyar una mano sobre el hombro de la muchacha, pero ella, pese a que esta adolorida, se aleja, haciéndose una bolita).
Anna: No me toques... No quiero ver a nadie. Andate, por favor.
Obatta se retira bastante resignado, preguntados que pasaría de ahora en más con Anna. No tenía forma de saberlo, solo esperaba que acceda a la internación, pues corría peligro de tener que enfrentar cargos por atacar a Selenia, y una cosa son amenazas o ataques menores, y otra muy diferente era un intento de homicidio. Además, era mejor controlar a Yumi de inmediato, antes de que vuelva a aparecer.
Extraño: Obatta-san...
Obatta: (observa a quien le hablaba de repente, encontrándose con un muchacho rubio y de ojos azules, a quien había visto un par de veces en compañía de su sobrina) Dare desuka?
Joni: Soy Honatan, un amigo de Anna. Vine a ver...
Obatta: Ella no quiere ver a nadie. Podes volver en otro momento.
Joni: ¿Puede decirme que fue lo que pasó? Porque no entiendo. ¿Tuvo una pelea con Selenia?
Obatta: Eso no te importa. Ella paso por una situación desagradable, es todo. (Intenta irse, pero Jonathan lo detiene)
Joni: Espere... Yo ya sé lo de su doble personalidad... lo de Yumi Nakamura.
Obatta: (mantiene su indiferencia) ¿Entonces por qué me estás preguntando qué pasó, si ya deberías suponerlo? (Se va)
Joni: (Aprovecha que Obatta se fue para entrar en la habitación de Anna, haciendo un saludo con la mano) Konnichiwa. Vine apenas supe que te hospitalizaron y acabo de cruzarme con tu tío.  Me habían dicho que tiene mal carácter, pero no creí que fuese para tanto. (Se sienta en una se las sillas cercanas a la cama) ¿Cómo están?
Anna: Ese hombre no es mi tío... (Comienza a llorar de nuevo) Nada de lo que tengo es mío, ni siquiera mi vida.
Joni: No llores, por favor (se acerca a ella, y la rodea suavemente con los brazos). Claro que es tuyo. Que Anna no sea tu nombre de nacimiento no significa que no sos la persona dulce y maravillosa que conozco.
Anna: Pero todo esto es de otra persona...
Joni: Los Obatta te eligieron para que formes parte de su familia, ellos te dieron ese nombre. Como se hace con todos los hijos. Yo no elegí llamarme Honatan, eso lo decidieron mis padres.
Anna: Pero... Ellos no me eligieron, usaron una mente bloqueada para revivir a su hija y la más cercana era la mía.
Joni: Quien sos en realidad es algo que vos tenés que decidir. ¿Querés seguir siendo Anna y luchar contra esa otra, o preferís rendirte y ser Yumi? Yo sé que Anna puede predominar con Yumi, como hiciste todos estos años.
Anna: Esas palabras son muy bonitas... realmente muy lindas... Pero sabes que esa no es la verdad. Yo perdí la memoria y los Obatta pensaron que podrían quitarme la identidad y poner otra allí... Pero yo soy Yumi... y soy un monstruo.
Joni: Para mí siempre serás la dulce y pacifica Anna Obatta...
Anna: Quiero estar sola, Honatan... ¿Podrías...?

Joni: (poniéndose de pie) Está bien... Volveré otro día (comienza a acercarse a la puerta) Creo que debe existir un modo de curarte y sacar a Yumi. Ella es peligrosa, vos no. Sería mejor para todos que ella no esté. (se va)
Anna: (luego de un momento de reflexión, decide llamar a su tío) Ojisan, ya tomé una desición (pausa) No es precipitada, creo que será lo mejor y no cambiaré de idea, así que escuchame (...) Voy a internarme. Si hay un modo de borrar a Yumi de nuestras vidas, tengo que intentarlo (...) Si... Es hora de desaparecer a ese monstruo.

Cuatro días después. 
Si hay algo que predominaba ese día era el estado de nerviosismo. Tanto manos como piernas temblaban y no había palabra, té o masaje que calmara ese pequeño pánico que llegaba hasta lo mas profundo de sus huesos. Había llegado el día en que, frente a toda la universidad, expondrían el trabajo que habían realizado durante todo ese tiempo. Porque no llegaron a Japón para causar pleitos, golpear pandilleros, tener enredos amorosos, andar en apuros constantemente ni nada de eso (todo ocurrió sin ser planeado), sino para hacer un trabajo de campo, una investigación que les proporcionaría el título de sus carreras, y esta exposición pública tenía el propósito de dar cuenta de todos sus esfuerzos. En eso tenían que enfocarse. Se habían alejado de sus familias, de sus amigos, de sus allegados para ir al otro lado del mundo con una muy ambiciosa beca, invirtieron años en preparación... después de tanto esfuerzo, la travesía llegaba a su fin. En un par de semanas volarían de regreso a casa... Hasta ahí será mejor que lo piensen, porque podrían terminar mas deprimidas que animadas, ¿no?
A ratos corrían un poco la cabeza para mirar a toda la gente que se estaba acumulando en el auditorio, cada vez mas lleno. ¿Cuántas personas podían entrar y sentarse? ¿Doscientas o trescientas? Si era esta última cifra, estarían sobre ellas seiscientos pares de ojos y un mismo número de oídos escucharían la presentación... ¡Qué nervios! Ya se hacían evidentes en sus rostros. Charlotte estaba pálida, bebía agua repetidamente y con la misma frecuencia iba al baño, mirando de reojo la puerta como si quisiera huir. Megg, colorada como un tomate, rascaba compulsivamente ese salpullido que solía padecer en situaciones semejantes, y Selenia permanecía en su asiento quieta, callada, y mirando para todos lados, e intentando respirar con normalidad. 
Dentro del gran salón estaban ya ubicados en sus lugares Shinpei y Akihide, esperando impacientemente que empiece la presentación, pero que antes de eso llegue Daigo, quien brillaba por su ausencia. ¿Dónde se había metido este tipo? ¿Iba a ausentarse en uno de los momentos mas importantes para Selenia?
Shinpei: (agarrando el móvil cuando el preceptor encargado comienza a hacer la presentación) Voy a llamar a este tipo (Akihide asiente y él comienza la llamada. luego de un minuto, Daigo contesta) 
Daigo: Moshi moshi.
Shinpei: Oye, ¿en dónde te metiste? Kishimoto ya comenzó el discurso de apertura y las muchachas no tardan en aparecer.
Daigo: Sé que tengo que estar ahí, pero se me hace imposible ir. 
Shinpei: No sé qué estás haciendo. Pero nada puede ser más importante que...
Daigo: (precipitadamente) Anna, Yumi o como sea que se llame, escapó del hospital antes de que la trasladen al neuropsiquiátrico. Golpeó a dos enfermeras para huir y está fuera de control. Necesito que ustedes estén ahí y aseguren que Se-chan esté bien y a salvo. yo no puedo ir porque tal vez me siga esa loca y llegue hasta...
Shinpei: Entiendo, entiendo. Si le explicamos esto a Se-chan, ella lo va a entender. Ten cuidado, esa loca es peligrosa.
Daigo: Lo sé. Apenas tenga noticias te llamo, pero... (se queda callado)
Shinpei: (incómodo por el silencio) ¿Daigo?
Daigo: (se aclara la garganta) Pase lo que pase, decile a Serenia que una parte de mí la está acompañando (corta)
Shinpei: (entre nervioso y afligido, corta la llamada) Daigo no podrá venir.
Akihide: (preocupado) Ya me di cuenta, pero por tu cara, parece que no se quedó dormido.
Shinpei: Anna... o la otra, escapó del hospital. Si él viene, tal vez lo siga, pero puede que lo ataque mientras está solo... Daigo está aterrado, lo sé. 
Akihide: (no sabe que hacer, una parte de él quiere acompañar a su amigo, y la otra sabe que debe apoyar a Charlotte en su presentación) ¿Qué hacemos ahora? No podemos dejar a Daigo, solo al alcance de esa psicópata... pero si nos vamos, nuestras novias nos mataran después. 
Shinpei: Él me pidió que nos quedemos aquí, para mantener a Se-chan segura. No podemos movernos de este lugar. Lo único que podemos hacer es... rezar mientras escuchamos. 
Por fin comenzó la presentación y las tres compartieron el podio mientras explicaban los resultados de sus investigaciones. Al principio, una vez que encararon al la audiencia, estaban muertas de los nervios, eso era evidente, pero la experiencia que ya tenían y la confianza en su material las ayudaron a desenvolverse con mucha velocidad, incluso Selenia y Charlotte hicieron su clásico teatrito para ejemplificar, y el público estalló en carcajadas, mientras Megg manejó muy bien el tono de voz y los discretos gestos de sus manos, que sumaban atención a lo que decía. Antes de finalizar, dejaron espacio a contestar las múltiples dudas del público, bastante numerosas y variadas. Luego se despidieron cortésmente, agradeciendo la atención y concurrencia. Pero esto no terminaba ahí, todavía faltaba que reciban las felicitaciones y comentarios individuales. Aproximadamente quince minutos mas tarde, recién pudieron acercarse a su grupo de allegados, de quienes también recibieron elogios. Estaban todos allí: Atsuko, Maya, Tsugumi, Orochi, KyunHo, Hernán, Diego, Ginzo Tanaka (con cámara en mano, obviamente para enviar el video a Agatha), Shinpei, Akihide... y faltaba Daigo, pero no solo él. Jonathan también brillaba por su ausencia.
Selenia: (a Shinpei y Akihide) ¿Dónde está Daigo-sama? no me digan que recién se fue porque estuve observando todo el tiempo y él nunca llegó.
Hernán: Pues... yo me enteré por Joni que a Yuki le agarró un ataque de locura y se escapó, así que la están buscando seguramente.
Selenia: ¿Él también?
Diego: (después de hacer una expresión de regaño a Hernán) Daigo Naito tenía el historial médico de ella, se lo dio su madre, y fue al hospital para entregárselo a Obatta. En ese momento escapó, por eso él no pudo venir. 
Charlotte: (a su morocha amiga, con severidad) A vos ni se te ocurra moverte de aquí. 
Selenia: (piensa) "Ni loca me quedo. Que tal si esa desquiciada intenta lastimarlo... o violarlo... Tego que ir a ver que esté bien" (a su amiga) No, voy por agua porque me agarró sed. 
Se escabulle entre la multitud, sin darse cuenta que alguien en la reunión comenzó a seguir sus pasos. Cuando estaba alcanzando la entrada, alguien jaló de su brazo para impedir que siguiera avanzando... Se trataba de su amigo, Diego. 
Diego: ¿A dónde crees que vas?
Selenia: Diego... yo sé que amás a tu hermana menor con todo el corazón, pero si un loco, un demente, que anda suelto la está acosando... ¿Qué harías?
Diego: (reflexiona por un momento) Vamos. No vas a ir sola, yo te acompaño. (los dos abandonan el auditorio).
El tiempo apremiaba mas que nunca para aquellos que buscaban con desesperación a Anna, y uno de ellos sabemos que es Jonathan. Gracias a un mensaje que la muchacha envió a su tío, agradeciéndole por todo lo que hizo por ella hasta entonces, él pudo usar la computadora para rastrear el lugar donde se realizó el envío, notando que se trataba... de aquel departamento en Shibuya. ¿Por qué ella escogió ese lugar para esconderse? La única forma de averiguarlo era correr hacia allá lo mas aprisa que pudiera. por suerte el hospital no estaba demasiado lejos, así que llegó en unos cinco minutos. Anna ya había tenido tiempo, desde su fuga, de arreglar algunas todo lo que había planeado, desde que fingió aceptar la internación... pero ella nunca estuvo dispuesta a ir. Cuando Jonathan llegó a buscarla, cuando subió en el ascensor hasta el piso, y encontró el departamento abierto, como si ella esperara que esto ocurra... había pasado mucho tiempo.
Él la encontró tendida sobre la cama del cuarto principal, con la ropa que solía usar cuando vivía allí. Estaba tan adormecida que casi no podía abrir los ojos, y junto a ella... el botín de su fuga... El frasco ahora vacío de sedantes. 
Joni: (comienza a sacudir a Anna para que no se duerma) ¡Anna! ¡Anna! No hagas esto, por favor. 
Saca velozmente el celular, llamando a emergencias, y luego, dificultosamente, logra subir a la muchacha sobre su espalda para llevarla hasta la planta baja, y que puedan darle atención mas rápido. sale hasta el pasillo, sujetándola con firmeza mientras avanza, pero ya habían ocupado los ascensores. De todas formas, bajaría por las escaleras, no iba a darse por vencido. No dejaría que el sopor se lleve a Anna, no dejaría que eso ocurra sin hacer algo al respecto.
Anna: (adormecida, su voz es suave como un susurro) Hon... ¿Qué estás haciendo?
Joni: Anna, mantente despierta, por favor. Vamos a llegar pronto a planta baja.
Anna: Esto es lo que yo elegí. Decidí hacer lo que me dijiste.
Joni: Yo no pedí esto, yo quiero que luches contra ella, que te quedes.
Anna: Y eso haré. Yumi desaparecerá, mientras que todos van a recordarme a mí. Yo me quedaré en sus recuerdos para siempre, mientras que ella desaparecerá... será borrada otra vez.
Joni: Ese no es el modo de quedarte.
Anna: Te agradezco que te preocupes tanto por mí... y también que me hayas enseñado... a querer de otra manera. Yo pensé que nunca dejaría de amar a Daigo-sama... hasta que te conocí y comencé a enamorarme de vos...
Joni: No digas eso como si fuese una despedida, solo faltan dos escaleras mas. Podemos lograrlo. Vamos a bajar. Tendrán que hacerte un lavado de estómago para quitar todos los sedantes que tenes encima, pero una vez que pase el efecto, te vas a recuperar. Si estamos juntos, podemos lograr cualquier cosa. Confío en que hay otro modo de sacar a Yumi y que solamente quedes vos. Yo te voy a cuidar, no me despegaré ni un solo momento, lo prometo.
Con mucha dificultad, Jonathan intenta que no se le empañen los ojos mientras recorre ese ultimo trecho. Sigue hablando con Anna, intentando que no se duerma, pero... ella ya no respondía... su respiración era cada vez más débil y pausada... Pensó que no llegaría a tiempo, que no lo lograrían, cuando escuchó la sirena de la ambulancia... ¡Ya estaban ahí, todavía tenía esperanzas! Intentó descender los últimos escalones rápidamente, con mucha ligereza... como si no llevara nada encima... nada encima... Como si el peso del alma de Anna fuese la totalidad de su cuerpo...
Continuará.

Aclaraciones:

1 Totemo suteki desu: significa sos muy linda.
2 kimi mo suteki desu: Vos también sos muy linda.
3 F4 o Flower 4: referencia al manga, anime y dorama Hana Yori Dango. Es curioso, si saben japonés, porqué los nombre de esas cuatro chicas son Nadeshiko>Clavellinas, Tsubaki>Camelias, Sumire>Violetas; y Akane>flores blancas.
4 Ee: Si. 
5 Ane: "mi" hermana menor. 


sábado, 5 de abril de 2014

Capítulo extra: La historia invertida.


Después de más de cuatro horas de viaje, por fin llegaron a la posada. Atsuko experimentaba una variedad de sensaciones al notar que el transporte de detuvo: alegría por llegar, ansiedad por comenzar, intriga por saber qué clase de actividades realizarían, curiosidad por el lugar y... desagrado por tener que pasar un fin de semana junto a Hernán. Además de los días laborales, él estaba allí, en el mismo viaje de grupo. ¡Soportar su presencia todos los días no era justo! Pero en fin, sería buena oportunidad, también, para las otras jóvenes, pues, creo que lo he dicho antes, Hernán despertaba muchas sonrisas por parte del personal femenino... y estas chicas estaban dispuestas a todo con tal de conquistarlo. No perderían oportunidad para hacerlo. Suerte para ellas, pensó Atsuko mientras llevaba su pequeño bolso hasta el dormitorio que le correspondía en la posada, después de ser recibida por la encargada del edificio, quien indicó a los recién llegados donde estaba ubicada cada área, comedor, sala, patio interno y externo, baños y dormitorios. Después los dejo instalarse. Les avisaría una vez que esté listo el almuerzo. 
Las muchachas, en la habitación que les tocaba, acomodaron sus futones y los bolsos que llevaron antes de pasar al comedor. Luego del almuerzo, un grupo decidió hacer una caminata por los alrededores. Atsuko tenía ganas de ir, pero como fue Hernán quien impulso la idea, prefirió quedarse y dormir un poco. Cuando despertó, comenzó a hablar con algunas compañeras acerca de una especie de concurso de talentos con el cual se divertirían esa noche. Mientras ellas comentaban que harían para mostrar sus cualidades, llegó el grupo, bastante alarmado. Una de las muchachas resbalo durante el paseo y se torció el tobillo, por lo cual Hernán la llevó de regreso sobre su espalda. Por alguna razón... extrañamente justificada para ella, Atsuko se sintió molesta por esto. Dos chicos más fueron a la caminata, ¿pero por qué justamente él la traslado? Fácil, solo hay una razón por la cual un hombre realiza esa clase de actos: el cortejo. Y el muchacho siempre hacía lo mismo, coqueteaba con todas. Por eso a ella le molestaba tanto que la busque. Como si se tratara de pescar, él lanzaba anzuelos por todas partes y veía que pez se convertía en pescado. A ella no le gustaba la idea de ser un pez... sin embargo, nuestra querida Atsuko sostenía una perspectiva muy japonesa pues, por su crianza, Hernán estaba acostumbrado a ser amable con las damiselas en peligro, o con cualquier chica que le pida un favor. No tenía intenciones de ligar, sino de ser... un poco caballero. 
Sora: (compañera de trabajo de Atsuko) ¿No estarás celosa?
Atsuko: No hagas esas bromas. 
Sora: No es broma, parece que estas celosa. (Mira hacia donde esta Hernán, quien después desaparece de su vista) Y te entiendo... ¿Viste los ojos que tiene? Y esa cara... parece un galán de Hollywood. Además se nota que va al gimnasio. ¿Cuantas posibilidades tenés de conseguir un chico así?
Atsuko: Ni que fuese un primer premio...
Sora: Atsuko... yo tengo un buen concepto de vos, pero... ya sabes que ser buena persona no es suficiente.
Atsuko: (se siente triste por lo que acaba de escuchar) ¿Y eso... que tiene que ver?
Sora: Que Erunando-san es guapo, atlético, simpático, amable, tiene el mejor promedio en la universidad y escuche que hay posibilidades de que trabaje en una importante empresa si se queda. Muchas chicas, y de las mejores, están locas por él... y vos lo rechazas. No puedo entender eso. Supe que la heredera de los Nishida, una chica que estudia en nuestra universidad, se le declaro pero él la rechazó porque hay otra chica que le gusta y todos sabemos que esa chica sos vos. Ella es realmente hermosa, hija de una familia adinerada, la más popular en la universidad, con un cuerpo delgado y mucho estilo, pero aun así fue rechazada. Y por vos, que no sos muy bonita... ni muy brillante y tu familia no tiene dinero. Tu apellido no es importante y deberías bajar de peso. 
Antes de que Atsuko, quien rozaba la depresión por lo que acababa de escuchar, pudiese responder, Hernán abrió de repente la puerta cerca de la cual charlaban las muchachas, con una expresión de disgusto, diciendo bien fuerte "Eso no es cierto". Acaso... ¿Acaso escucho toda la charla?
Hernán: En primer lugar, la chica Nishida está sobrevaluada. En segundo... Para mí, Atsuko es la chica más hermosa que vi, no solo por fuera. También se esfuerza al máximo, es transparente y pura. Cuando tuvo problemas financieros, sus amigas se unieron para ayudarla. Decime una cosa: ¿la chica Nishida podría inspirar sentimientos tan nobles y auténticos? Además... (Al escuchar todo esto, Atsuko comenzaba a conmoverse... y poco a poco consideraba la posibilidad de que los sentimientos del muchacho argentino hacia ella sean sinceros, pero, como siempre, él lo arruinaba) una vez entre sin que lo notara y sin querer a la oficina cuando se cambiaba, y aunque solo fue un segundo, puedo asegurar que su cuerpo es fantástico. 
A los ojitos de esta narradora tiene razón, miren.
Atsuko: (colorada hasta las orejas) ¿Qué dijiste? Me espiaste mientras me cambiaba
Hernán: No, dije que mire por un segundo. Además, es tu culpa por no poner seguro en la puerta. Y deberías sentirte halagada por todo lo que dije.
Sora: Ella es incapaz de pensar bien respecto a vos, Erunando-san.
Atsuko: Lo estaba haciendo hasta que dijiste que me habías visto en la oficina.
Sora: Pero una cosa no quita la otra. 
Atsuko: Pero la aparta bastante. 
Sora: (a Hernán) Eso significa que tenes una posibilidad.
Hernán: (contento) Es cierto (meditativo). Un momento... hace un rato estabas diciendo que... ella no era suficientemente buena para mí.
Sora: Lo dije porque estoy de tu lado. Solo quería que ella entienda que no esta en posición de ser exigente. (Sora es llamada por la encargada, así que se va de repente).
Hernán: (acercándose a Atsuko) Tsuki-chan... Lamento haberte espiado, pero de verdad fue un accidente. 
Atsuko: Un incidente, querrás decir. Y lo hecho, hecho está.
Hernán: Si querés, yo puedo dejar que me veas y estamos a mano.
Atsuko: (colorada por solo pensarlo) ¡Estás loco! Por tu culpa no me podré casar, no me digas esas tonterías.
Hernán: Ay, que anticuada. Eso es de la Era Meiji. Aunque... Tenés la opción de casarte conmigo. Puedo hacerme cargo de tu honra, como se decía antes.
Atsuko: (se contiene para no gritarle) Deja de jugar conmigo... Ya sé que no te importa, pero no te burles de mí. 
Hernán: Pero no estoy jugando, hablo en serio. Como tengo una propuesta de trabajo, cuando termine mi especialización, se extenderá mi visa y podré quedarme más tiempo. Eso podría transformarse en una estancia larga o permanente, así que... No me vendría mal un hogar, con una linda esposa.
Atsuko: (comienza a reír) Bueno, ya que insistís, voy a seguirte el juego. Me siento halagada por tanta atención, ¿pero no deberías buscar una chica rica y guapa como Nishida, en lugar de una pobretona freak de los robots?
Hernán: Ya te dije que no estoy jugando. 
Atsuko: No, pero que tonta soy. Es más fácil que te acepte la familia de una pobretona que la de una chica rica, ¿verdad?
Hernán: Para mí, las chicas son como las casas (no que ella lo miraba desconcertada, ya sin esa expresión de burla). Hay mansiones, duplex, casas y apartamentos pequeños... pero solo en una de ellas uno puede construir un hogar. O sea, hay un montón de chicas en el mundo, pero solo con una se puede construir un vínculo especial. La chica Nishida es una mansión... fría y vacía con la que no me siento a gusto. (Le sonríe y, con una mano, despeina su flequillo) Preferiría una casa pequeña, cálida y confortable.
Mientras intentaba acomodar los mechones de pelo que el muchacho había desordenado, Atsuko... se dio cuenta de que las cosas no podían seguir así. Si bien comenzó a tomar más enserio los sentimientos que Hernán tenía hacia ella, creía que... no eran correspondidos. Nuestra amiga no podía entender que el latido frenético de su corazón no se debía a los nervios, que el leve rubor en su rostro no tenía que ver con ciertos aspavientos, o que su inquietud no estaba relacionada con la incomodidad. Todo esto era signo de otra cosa, para la cual ella resultaba un poco inexperta. 
Atsuko: (luego de respirar profundamente) ¿Podemos... hablar en un lugar un poco más privado?
Sin esperar una respuesta, Atsuko comenzó a caminar en dirección al cuarto de limpieza, seguida por Hernán, a quien sorprendió la extraña propuesta... ¿terminaría en algo bueno o malo? ¿Ella por fin había entendido la sinceridad de sus sentimientos? ¿O es que... se trataba de lo contrario? 
Atsuko: (cierra la puerta una vez que los dos están allí) Erunando-san... (Se vuelve a verlo) Ya basta. 
Hernán: ¿Basta que?
Atsuko: Ya no sigas con esto. No creo que estés mintiendo, pero... No quiero que sigas insistiendo porque... No me gustas... Verte y ver a un extraño me da lo mismo, ni siquiera siento atracción física por vos. Sé que puede ser duro escuchar esto, pero si lo digo ahora será lo mejor. Podés estar con la chica que quieras...
Hernán: (esta muy aturdido) Eso no es cierto. Si pudiera estar con la chica que quiero, ya serías mi novia. Nosotros no nos tratamos lo suficiente, pero si salimos algunas veces, podría...
Atsuko: Erunando-san, eso no va a funcionar.
Hernán: ¿Cómo podés saberlo? ¿Acaso, cuando Megg conoció al tipo de lentes, ella supo desde el principio que ahora estarían enamorados y felices?
Atsuko: (la desesperación de Hernán la aflige) Yo no soy como Meggara. Vos no sos como Shinpei-san. (Hace una pausa) Podes ser feliz con otra persona... Decime que tengo que hacer para que desistas.
Hernán: (extrañado) ¿Qué dijiste?
Atsuko: Hago lo que sea si eso permite que pases de mí y busques a otra chica. (Como él la mira con mucha concentración, se cubre el pecho con los antebrazos) Lo que sea y conserve mi decencia intacta.
Hernán: No estoy pensando en algo así... solo que... No puedo creer que... con tal de que ya no insista, estés dispuesta a darme algo a cambio. 
Atsuko: (intenta mostrarse impasible) Creo que te esforzaste bastante y no me parece justo pedirte que renuncies... y ya. Podés pedirme lo que sea: una cita, hasta te puedo dar uno de mis muñecos de los Hajikengers.
Hernán: (sorprendido) ¿Estarías dispuesta a darme uno de tus Hajikengers? No puedo creer lo que estoy escuchando. 
Atsuko: Te dejo pensarlo (saca su celular y busca rápidamente una fotografía y se la enseña) Esta es la colección completa. 
Hernán: (se encuentra, aparentemente un poco mas tranquilo, y aparta el celular de su vista) No quiero una de tus figuras de acción, sé cuanto te gustan. Pero eso no significa que voy a desistir sin antes jugar mi ultima carta. Así que... lo que voy a pedir a cambio... es un beso.
Atsuko: (sorprendida y sonrojada) ¿Otro en la mejilla, o...?
Hernán: Si es lo último que puedo tener, no será algo tan ingenuo. 
La muchacha, mientras siente como un leve temblor y estremecimiento, que confunde con miedo, circulan por todo su cuerpo, intenta simularlo... aunque se muestra tranquila, levemente indiferente, está luchando por dentro para poder controlar los desaforados latidos de su corazón, que podrían traicionarla en cualquier momento. Sin embargo, por mas que su interior esté lleno de nervios, actuó con mucha tranquilidad, contestando un "Naru hodo" [ya veo], se le acercó repentinamente, levantando un poco el mentón y apoyó sus manos en los brazos de Hernán para que él se agache un poco.
Hernán: (aparta a Atsuko) Espera. No tan rápido. 
Atsuko: Ya acepté hacerlo. ¿Cuál es el problema?
Hernán: Si va a ser la primera y última vez, sucederá como yo me lo imaginé.
Atsuko: (no cabe en sí del asombro) ¿Y... cómo te lo imaginaste? (piensa) "¿Qué es eso de como se lo imaginó? ¿Este chico es de verdad?"
Hernán: Pues... siempre me gusto la idea de besarte al final de una cita... lo intente en la primera, pero me corriste la cara y termino en la mejilla...
Atsuko: (avergonzada, se sonroja) Pero... en primer lugar, eso no fue una cita. En segundo lugar... ¿lo hiciste a propósito? Y... ¡vos me estas pidiendo dos cosas!
Hernán: Dijiste que harías lo que sea siempre que mantenga tu decencia intacta. ¿Vas a faltar a tu palabra?
Atsuko: Estas aprovechándote de mi.
Hernán: Vos fuiste la que propuso eso, no yo. 
Que listo... Si ella desistía, aceptaría que Hernán siga acercándosele, pero al mantener su palabra, tendría que tener una cita con él y dejar que la besara... De alguna forma, le parecía que algo no estaba bien. Salir con el muchacho y besarlo... si hacia esto, no habría necesidad de que vuelva a suceder... ¿Por qué no terminaba de aceptarlo? Solo se agregaba la cita, no cambiaba su panorama, no existía una diferencia significativa... Un momento... ¿Hernán buscaba que ella ceda? ¿Hasta que punto planeaba hacerlo? A eso su refería con... su ultima carta. Pues bien, si tenía que ceder, sería una sola vez.
Atsuko: Esta bien... (se dirige hacia la puerta) Me cambio y vamos...
Hernán: Pero estás linda así (agarra una de sus manos) Vamos (Comienza a camina rápidamente, seguido por una Atsuko que intentaba resistirse sin demasiado animo. Mas que eso, intentaba articular una razón inexistente que retrasara el... momento).
Afortunadamente para ella, salieron de la posada sin ser vistos, pero... ¿a dónde iban? ¿Y por qué Hernán continuaba agarrándole la mano? Le sorprendía lo bien que una mano tan grande podía sujetar la suya, tan blanca y pequeña en comparación. De pronto le llamaba la atención ese tono de piel dorado. ¿Eso lo dotaba del aire deportivo que tanto gustaba a las demás chicas? Aunque no era solo eso, sino que... sin darse cuenta hacia la espalda ancha que... ¿por que era tan ancha? Eso hacia que no parezca tan alto, aunque, parada como estaba cerca de él... vaya que lo era. Un momento... Él estaba hablando, tenía que prestar un poco de atención y no quedarse callada, mirándolo... sobre todo por esto último. 
Apenas llegaron al centro de la pequeña ciudad, Hernán parecía tener pensado desde el principio a donde quería llevarla, pues no lo dudó ni un segundo y fue directamente a ese lugar: una tienda en cuya vidriera exhibían un muñeco que... dejó fascinada a nuestra amiga japonesa. hasta apareció un inusual brillo en sus ojos, como  si fuese un niño en una dulcería. Se acercó de imprevisto al vidrio, mientras que en su rostro se dibujaba una sonrisa. ¡Qué distinta lucía la Atsuko de todos los días comparada con la que tenía en frente ahora!
Atsuko: (en voz alta, llena de emoción) Yo no tengo ese. Es hermoso.
Hernán: (se le acerca un poco para hablarle) ¿Crees que es caro?
Atsuko: Es un modelo de colección de la primera serie... Vale unos 65 mil yenes [más de 5 mil pesos].
Hernán: No creas. Hable hoy con la dueña del lugar, y no tiene idea de cuanto vale. (agarra la mano de Atsuko nuevamente para que lo acompañe al interior de la tienda) Vamos. 
Aproximadamente quince minutos después, salen del local ambos jóvenes, él riendo a carcajadas, y ella detrás, acusándolo e estafar a la dueña del local, quien no tenía ni la menor idea del valor de la pieza que ahora Hernán sostenía en la mano. "No sé si lo decís por fan o por honesta", le contestó el muchacho, sin poder cesar su risa. 
Hernán: (detiene su marcha y da media vuelta para ver a Atsuko, luego le extiende la figura de acción que acababa de comprar) Tomá, es para vos.
Atsuko: (negando con la cabeza) No. Acabas de comprarlo.
Hernán: (insiste) Lo compre para vos. Yo no colecciono estos...
Atsuko: (intentando completar la frase)  ¿Muñecos? ¿Juguetes?
Hernán: (corrige) Estos mechas. No seas tan desconfiada. Entiendo que en el pasado hubo personas que te atacaron de esa forma, pero eso no significa que todos hagamos lo mismo. No estés tan a la defensiva.
Atsuko: Yo sé que me estás juzgando, pero no lo vas a admitir. Si yo te diera una oportunidad, en algún momento me vas a pedir que sea normal y no tenga aficiones "raras".
Hernán: (baja la mano que sostenía al muñeco, pero mira a Atsuko con una seriedad petrificadora -e indudablemente atractiva) ¿Eso es lo que te pasó antes, verdad? 
Atsuko: (se cubre el rostro) ¿A quién le hago daño? ¿Lastimo a alguna persona por el simple hecho de ser quien soy?
Hernán: Claro que no. (le aparta las manos de la cara) Mirame bien... y escuchame bien: quien se priva de ver lo feliz que sos disfrutando de tu hobbie no lo merece.
No pudo evitar dirigir la mirada hacia aquellos ojos claros, que al mismo tiempo estaba fijos en ella, y mentalmente viajó en el tiempo hacia tres años atrás, cuando recién estaba llegando al edificio. recordó que las primeras personas en recibirla fueron sus ahora inseparables amigas Maya y Tsugumi, las primeras de toda su vida que no la juzgaron por tener figuras de acción de robots y amar los animes de mechas [o sea, los del genero mecha, tipo Robotech]. De hecho, cada una de ellas tenía su propio hobbie: el de la muchacha mas alta era la música visual kei, pero por influencia de Maya, a quien encantaban los doramas, comenzó a mirar solo aquellos cuyo género más le agradaban, los policiales. Atsuko a veces las acompañaba frente al televisor, pero claramente... era como un sapo de otro pozo. Sin embargo, nunca juzgo a Maya por gustarle las tramas sentimentales y la tensión emocional aceptándolas ciegamente, o a Tsugumi por amar un género principalmente visual que... a veces mostraba ciertas cosas a las que ella no estaba acostumbrada (hay visual kei medio... pervertido). Volviendo al presente, ¿se encontraba en una situación similar? ¿encontró a alguien que no la juzgaba por sus gustos... o es que Hernán tenía un hobbie oscuro que le permitía ser tan... open mind?
Atsuko: ¿Cuál es el tuyo? 
Hernán: (extrañado) ¿Mi qué? 
Atsuko: Tu afición. Debés tener una bastante rara como para tolerar la mía.
Hernán: Bueno... ya  que lo preguntas... soy un amante de las nuevas tecnologías [lo que en este país se conoce como tecnosexual]. 
Atsuko: Eso no es raro... es normal. 
Hernán: No en mi nivel (ríe un poco). Siempre me molestaban diciendo que iba a casarme con una computadora. Pero no puedo evitarlo... Las novedades en materia electrónica y cibernética son apasionantes. Muchas personas se conforman con tener un celular solamente, pero yo no (saca su teléfono móvil del bolsillo y se lo enseña) Este es nuevo, el cuarto que tengo desde que llegue.
Atsuko: (mira el teléfono, impresionada) Sugoi... Es el último modelo. ¿Cómo es que te alcanza el salario para comprar eso?
Hernán: (le dirige un guiño) Es un secreto. Ahora tengo hambre (sujeta la pequeña mano de Atsuko) Vamos a comer algo. 
Vaya sorpresa se llevó nuestra joven amiga cuando notó lo silencioso del comportamiento de Hernán a la hora de comer, a diferencia de ella. Él esperaba un tiempo prudencial para terminar de masticar antes de hacer cualquier comentario y contestar alguna pregunta, y no hablaba con la boca llena de comida. le  recordaba brevemente al día en que las protagonistas (no las olviden) llegaron al edificio... y miraban pasmadas a todas las demás muchachas, pues justo esa noche habían servido ramen y... supongo que ustedes ya habrán visto como comen esta sopa de fideo los japoneses, ¿no? Y, aunque le costara admitirlo hasta en su propia cabeza, estaba impresionada, muy en el fondo, de... poder estar tanto tiempo a solas con Hernán sin que esto le resulte molesto. Normalmente ya se sentiría harta de semejante compañía, pero, por alguna razón... eso no estaba sucediendo. ¿Se trataba de una trampa? ¿Él se comportaba de forma tan agradable y tolerante solo para que ella cambie de parecer o es que en realidad ella nunca quiso ver cómo era Hernán? "Nosotros no nos tratamos lo suficiente", si, no había verdad mas grande que esa. Pensándolo de manera objetiva, ¿acaso lo que le desagradaba de él era el simple detalle de que había cautivado a todas sus compañeras? No, la verdad es que le desagradaba desde antes, desde que llegó a la cafetería, con sus dos amigos occidentales , y comenzó a halagar su aspecto de repente con una sonrisa tan grande que parecía que nada le importaba (idea que hasta el día de hoy, no ha cambiado para ella). Ok, esa no fue buena época para ella, estaba pasando por problemas económicos que amenazaban con truncar su carrera universitaria.
Hernán: ¿Tsuki-chan?
Atsuko: (atiende de repente) ¿Qué pasa?
Hernán: Estás un poco distraída... Yo debería preguntar que pasa.
Atsuko: Gomen nasai. Solo que... Esta tranquilidad me parece extraña.
Hernán: Si hay tranquilidad, disfrutala mientras dure y no pensés en cosas negativas cuando todo está en calma porque podrías terminar llamándolas.  (hace una seña al mesero para que le lleve la cuenta) Ya comenzó a atardecer, así que será mejor que regresemos.
Atsuko asiente y, una vez que él paga la cuenta, ambos comienzan un extrañamente silencioso camino de regreso a la posada. Aunque sus voces físicas estaban ausentes, en sus mentes se estaba desarrollando una especie de debate consigo mismos, un encuentro inevitable de imperceptibles opiniones. Así seguían su retorno a la posada, de hecho ya podían verla desde allí. De repente, Hernán se detuvo, provocando que Atsuko haga lo mismo. ¿Ya había llegado el momento, verdad? La cita estaba terminando, el ocaso teñía el cielo de naranja a su alrededor. Los oscuros ojos de la muchacha se clavaron en los inmensamente celestes de él, y aquel temblor volvió a mover su corazón y acelerarlo... ¿Tenía miedo nuevamente? No, pero estaba convencida de que así era, y su "temor" se acrecentó cuando aquel fuerte brazo le rodeó la cintura para atraerla. Ahora sus ojos hipnóticos estaban mas cerca, tanto así que ella decidió bajar la mirada. No pudo resistir ni tres segundos, no estaba lista para aceptar que, ahora que los veía mas fijamente en la cercanía, los ojos de Hernán le parecían impresionantes.
Hernán: (apoya su mano libre en el mentón de la muchacha para levantar su rostro suavemente y lograr que vuelva a mirarlo) ¿Estás nerviosa?
Atsuko: N-n... N-no, pero... necesito prepararme mentalmen...
Sin dejar que terminara la frase, Hernán se precipitó hacia su boca y aprisionó a una desprevenida Atsuko entre sus brazos. Aunque ella intento resistirse, oponerse, estaba demasiado sorprendida como para racionalizar lo que sucedía. Nuestra amiga, con todo su universo guiado de lógica, poco a poco se derrumbaba ante la desconocida y súbita pasión de aquel beso. Si ustedes pensaron en algo suave y cálido al principio... déjenlo de lado. Les aseguro que Hernán lo intento, pero no pudo contenerse. Sabia que Atsuko si estaba nerviosa y que semejante osadía, como mínimo, la dejaría espantada. Sin embargo... apenas tuvo tan cerca su rostro, las ansias de probar aquellos labios  simplemente fueron más fuertes que todo. Ella se resistía, él lo había notado, se resistía tanto física como mentalmente, intentaba escapar de la fuerza que la ceñía con una energía proporcional.
En un segundo, solo uno, la ecuación cambia. Atsuko, antes obstinada en su instinto de alerta, paulatinamente deja sentirse en peligro, baja la guardia... en síntesis, su mente aparta todos los pensamientos, o deja de racionalizar las sensaciones que, mas fuertes que cualquier otra cosa. Resistirse era completamente inútil, más aún cuando una parte de ella estaba fascinada con lo que sucedía. 
Con mucha lentitud, Hernán se aparta de ella, se aleja de una Atsuko abrumada, levemente afiebrada. Por supuesto, no se trataba de una incipiente enfermedad, pero ella no se daría cuenta de ello rápidamente. A él le sorprendió ver que las blancas mejillas de la joven ahora se tornaban rosadas, y ella parecía muy confundida. Aunque llamó, seguía luciendo muy desorientada, como si algo le molestara. Atsuko llevó una mano hacia su boca, descubriendo que... apenas rozó sus propios labios, estos se resintieron. Hernán continuaba preguntándole si se  sentía bien, incluso le midió la temperatura, pero, contra todo pronóstico a primera vista, no había algo fuera de lo normal. 
Hernán: No parece que tengas algo grave. ¿Estás bien?
Atsuko: Si... Sí, estoy bien. Esto fue un poco fuerte para mí. (se vuelve hacia la posada y luego hacia él nuevamente)  Será mejor que sigamos hasta allá. No quisiera que se preocupen por nosotros.
El muchacho se muestra de acuerdo y continúan la caminata hasta llegar a la posada. Pero antes de entrar, Hernán le advierte que cuiden un poco las apariencias, mas por bien de ella que por sí mismo, así que espera prudencialmente afuera mientras Atsuko aparece en la habitación, intentando en vano actuar como si nada hubiese pasado. Una gran pérdida de tiempo. Para casi todos allí, resultaba evidente que ella no se comportaba de modo habitual. Casi no hablaba, parecía tener la mente en la luna, pero de pronto prestaba atención cuando escuchaba a Hernán. Si notaba su presencia, nuestra amiga sentía nuevamente ese afiebramiento y el ardor en los labios, sin embargo, no verlo tampoco solucionaba sus síntomas, pues aparte de lo que mencione antes, brotaba en su pecho un dolor similar a veinte puñaladas junto con... la inexplicable sensación de soledad. ¿Era eso o se trataba de simple molestia? ¿En verdad fue buena idea acceder a la condición de Hernán? Ahora estaba completamente confundida, ni siquiera sabía cómo seguiría de ahora en adelante.
Cuando llego el concurso de talentos, con varias cervezas de por medio, nuestros dos amigos intentaron distraerse y divertirse con todas las payasadas que vieron. Más que de talento, parecía un concurso de humoristas, pues iban desde las imitaciones a Idols y demás personalidades del mundo del espectáculo, chistes, habilidades raras, adivinanzas mal contadas y actos accidentados adrede. La cerveza parecía interminable, pasaba lata tras lata de aquí para allá, y no se sorprendan de que mas de uno haya terminado ebrio (y ebria, jejeh). Además, algunos decidieron acompañarla con un poco de Umeshu [licor japonés suave y de agradable aroma] que previamente habían comprado cuando dieron el paseo en la ciudad. 
El concurso terminó convirtiéndose en una fiesta, con música y baile incluido, que se extendió hasta la madrugada. Ya ni importaba la división de habitaciones, todos durmieron en el mismo lugar, divididos en pequeños grupos. Atsuko no había bebido tanto como para emborracharse, pero si estaba algo mareada, así que cuando se dirigió al baño, lo hizo con bastante dificultad. Cuando salió de allí, comenzó a escuchar un dialogo que le llamó la atención: una de sus compañeras de trabajo estaba conversando (si así podía decirse) con Hernán. Ella no parecía estar sobria ni por asomo, ya que... se le había insinuado con todas las letras, aunque más que insinuación, lo suyo era una tremenda propuesta que, para su completa sorpresa, él rechazo. ¿Por qué, si se le estaba dando una buena oportunidad en bandeja de plata? "Estas borracha" le dijo él, "así que yo no voy a aprovecharme de eso". Apenas terminó la frase, siguió su camino hacia donde estaban los demás y comenzó a recoger las latas vacías para guardarlas en una bolsa. En ese recorrido, nuestra amiga lo siguió y luego decidió ayudarlo. ¿Que fue... lo que en el pasado le impidió ver que él era un buen muchacho?
Al día siguiente (si esperaban que en la noche pase algo, les cuento que después de ordenar se fueron a dormir), la encargada servía tés y procuraba regaños a los que estaban con resaca. Solo dos de los presentes tenían cara de mal dormidos (ustedes saben quiénes, ¿verdad?), pero ninguno de ellos quería explicar porque. Si no hubiesen sabido la clase de relación tenían ambos, ahora serian víctimas de las peores sospechas. 
Encargada: ¿Por qué ustedes están tan... raros?
Hernán: Obasan, no se preocupe. La fiesta estuvo muy entretenida y no estoy acostumbrado a despertar tarde. 
Atsuko: Sucede que... Me cuesta un poco dormir en futón. 
Encargada: Es raro que los dos hayan tenido problemas para dormir el mismo día, pero si ustedes dicen que las razones son esas, les creo. Aunque algo me dice que tuvieron tiempo para dormir y no pudieron hacerlo por otra razón. Tal vez me equivoco.
Pues no, Encargada. No lo hace. Tiene toda la razón. Lo que es la experiencia. Claro que tiene razón: Hernán estaba preguntándose que fallo su plan, ya que, desde la charla que inicio todo esto había notado que la obstinada japonesa cambie el concepto que tenía de él y confiaba un poco más en la sinceridad de sus sentimientos, además de que, cuando la beso, ella comenzó a corresponderle, abandonado la actitud fría que tuvo al principio. Pensó que, después de todo eso... ella reconsideraría la opción de salir con él. Pero aparentemente no funciono. Y aunque una voz en su interior le pedía un poco más de paciencia, el resto de sus energías prefirieron cumplir con el acuerdo. Pese a sabía que no sería fácil, porque en verdad quería a Atsuko, tenía que dejarla ir y alejarse de ella. 
También para Atsuko fueron difíciles los días siguientes. Ella no había hablado con las muchachas sobre lo que sucedió en el viaje, pues apenas llego le informaron que Selenia estaba en el hospital. No era raro que luciera preocupada, al igual que los demás, pero una vez que nuestra protagonista recupero la conciencia, la aflicción de Atsuko no desaparecía. Extrañaba llegar a AoRingo y que Hernán la salude con simpatía, de hecho, los lunes intentaba darle un abrazo por no verla todo el fin de semana. Al principio, ella lo empujaba o se alejaba para que no la molestara, pero últimamente le daba igual. Se quedaba parada, con cara de porque, diciendo "Si, si, que detalle". También sentía nostalgia por otros detalles del trato cotidiano, como su ayuda, sus desesperantes bromas, las preguntas insinuosas que ella no entendía, esos truncados intentos por acercársele románticamente. ¿Por qué extrañaba todo eso ahora, si antes se le hacía insoportable? Porque había desaparecido. Se dio cuenta cuando ya era tarde. 
Durante el día jueves de esa semana, al terminar su jornada, Atsuko se dirigió a la oficina. Hernán estaba adentro, había terminado de cambiarse, así que le cedió el lugar luego de poner algo en su bolsillo rápidamente, tanto que después de unos pasos cayó al suelo. La muchacha lo noto, pero él se fue sin más y no pudo avisarle. No le quedo más que juntar ese sobre... esa... ¿carta de dimisión? ¿Hernán estaba dispuesto a renunciar? Desoyendo a la voz de su conciencia, Atsuko abrió el sobre y comenzó a leer a toda velocidad. No estaba renunciando exactamente, sino que dejaba su trabajo en Shibuya para trasladarse a la sucursal que prontamente abrirían en Minato, cerca de donde él vivía. Entonces eso explicaba la confidencial charla que tuvo con la encargada...
Hernán: (golpea la puerta desde el otro lado) Puedo pasar? Es solo un segundo. 
Atsuko: (guarda rápidamente la carta en el sobre) Doozo.
Hernán: (entra) Busco un sobre que se me... (Lo ve en la mano de la muchacha) Ah... lo juntaste. (Extiende la mano hacia ella) Dámelo, tengo que entregarlo a la Encargada. 
Atsuko: (le entrega el sobre) ¿Te... vas a trasladar a Minato?
Hernán: Si, me queda más cómodo. Veo que leíste la carta...
Atsuko: ¿Te vas... por mi culpa?
Hernán: No. Yo tengo palabra, y si me quedo, no podré cumplirla. 
Atsuko: Entonces si es por mi culpa... Pero no es necesario que te vayas.
Hernán: Para mí, sí. No creo que pueda soportar mucho tiempo actuando... como si no me gustaras. En algún momento se me van a cruzar los cables y puedo robarte un beso o algo similar. Y, como no quiero que termines odiándome, mejor me voy. (La mira con seriedad) Pero... si en algún momento encontrás a un chico que en verdad te guste... y no te acepta tal cual esos, avísame enseguida... y lo golpeare hasta que cambie de opinión. 
Atsuko: (después de escuchar la última frase, sus ojos se llenan repentinamente de lágrimas. Sabía que era más conveniente para él cambiar de trabajo, pero... no quería que se vaya, no quería dejarlo ir) Erunando-san... por favor, quedate... (se acerca a él, sujetándolo por un brazo) Onegai shimasu. 
Hernán: (confundido, solo puede abrazarla) Tranquila... no te sientas culpable. Te acostumbraras rápidamente a la ausencia de este estúpido pesado. (Le da un tierno beso en la frente y se aparta de ella, empieza a caminar hasta la puerta) Me despido ahora porque el viernes es tu día libre.
Atsuko: (desesperada) Erunando-san... quedate... quedate, por favor (apenas termina la frase, corre hacia él y, sujetando su rostro, lo besa de repente... no estaba actuando a conciencia, sino guiada por su corazón. No quería alejarse de Hernán, y mucho menos que le hablara de conocer a otros muchachos) la única pesada soy yo... la única estúpida... porque me negaba a aceptarlo. Vos sos todo lo contrario a lo que yo quiero en un novio y... a pesar de todo... Daisuki [me gustas]. (Lo besa con rapidez nuevamente) Daisuki...
Hernán, mientras dice "ahora no me voy ni loco", tira la carta a un lado y abraza a Atsuko para besarla otra vez, con la misma intensidad que en el paseo. Su emoción era comprensible, ya que por fin había conseguido cumplir el deseo de su corazón. Una palabra, una sola, pero pronunciada por los labios que ahora besaba, era suficiente como para que él se sienta inmensamente feliz. 
En tanto ella cambiaba su uniforme por la ropa de calle, Hernán hablaba con la encargada para decirle que había pensado mejor las cosas y prefería quedarse en Shibuya con el grupo al cual ya se había acostumbrado. La mujer lo entendió perfectamente con esa sencilla explicación, y se alegro de ello. Después de eso, le muchacho fue a buscar a Atsuko y la acompañó hasta el edificio. Durante una parte del camino, nuestra amiga japonesa se la pasó molestando a Hernán, diciendo que todavía no le había pedido que sea su novia.
Hernán: (se mira la uñas) Ah.. No sé. Creo que deberíamos conocernos mejor.
Atsuko: ¿Qué? Bueno, pues yo no voy a besar a alguien que no es mi novio.
Hernán: (con una sonrisa pícara) Ambos sabemos que no aguantarás mucho tiempo.
Atsuko: ¡Ah! ¿Querés apostar?
Hernán: (lanza una carcajada) Creo que esto es el inicio de una linda relación. (se dirige a ella) Entonces... Vas a ser mi novia de ahora en adelante.
Atsuko: Que poco inspirado. (avanza unos pasos, ya que estaban llegando al edificio, y se para frente a él) Solo tengo una condición: Está bien que seas amable con otras chicas, pero no exageres.
Hernán: Está bien, pero... (sujeta suavemente su rostro para que lo mire a los ojos) Quiero que confíes en mí. Recordá que sos la única chica que me gusta, las demás son como orangutanes peludos.
Atsuko: ¿También Meggu, Se-chan y Charotte?
Hernán: Sobre todo Megg. Selenia y Charlotte. (ella ríe por la humorística respuesta y él se queda mirándola) Nunca va a dejar de encantarme esa linda sonrisa. (se inclina para besarla)
Atsuko: ¡Hey! ¡¡¡Estamos en la vía publica!!!
Estos dos van a estar muy bien, ¿no creen?